“EJECUCIÓN A DOMICILIO: EL CRIMEN QUE DESNUDA EL DESCONTROL TOTAL EN SAN ANDRÉS TUXTLA”

— El asesinato del exagente municipal “El Pillica” exhibe, otra vez, la absoluta impunidad que gobierna Veracruz —
San Andrés Tuxtla, Ver.— La violencia volvió a irrumpir sin freno en la madrugada de este martes, y esta vez lo hizo con una brutalidad quirúrgica: Pedro González Rodríguez, conocido en toda Villa Comoapan como “El Pillica”, de 67 años, fue ejecutado dentro de su propio domicilio en un ataque que dejó al descubierto la vulnerabilidad total de los ciudadanos ante un Estado incapaz de garantizar siquiera el derecho más básico: la vida.
Los hechos ocurrieron en la calle Ignacio Allende, donde sujetos armados —cuyas identidades permanecen en el cómodo anonimato que las fallas de seguridad les otorgan— irrumpieron sin resistencia alguna en la vivienda del exagente municipal. Lo sorprendieron, lo acorralaron y le dispararon repetidamente. González Rodríguez intentó huir desesperadamente, alcanzando la azotea de su casa, pero ahí fue donde finalmente cayó, sin posibilidad alguna de sobrevivir al ataque.
Cuando los servicios de emergencia arribaron, ya nada podía hacerse. Las heridas por arma de fuego habían terminado con su vida antes de que cualquier asistencia llegara. La escena fue acordonada en varias cuadras, un despliegue tardío y simbólico que en nada compensa la incapacidad para evitar un crimen que se cometió con total libertad.
Peritos y elementos ministeriales realizaron la criminalística de campo, recogieron indicios y trasladaron el cuerpo al SEMEFO de Catemaco para la necropsia de ley. Todo el protocolo post mortem impecable… mientras la prevención, la vigilancia y la inteligencia siguen ausentes.
Hasta ahora no existe móvil confirmado. No hay detenciones. No hay sospechosos. No hay respuestas.
Solo queda una constante: otro asesinato más que se suma a la creciente ola de ejecuciones que ha convertido a los municipios del sur de Veracruz en territorio donde la ley es un concepto abstracto.
Extraoficialmente, trascendió que podría haber otra persona herida durante el ataque; sin embargo, las autoridades no han emitido ninguna confirmación, manteniendo el hermetismo habitual que lejos de tranquilizar, alimenta la sospecha de que se ocultan datos clave en un caso que exige transparencia y justicia.
Este crimen, ejecutado con precisión y sin oposición, no solo arrebató la vida de un hombre conocido en su comunidad; también dejó expuesta la fractura profunda de un sistema que se desmorona mientras la violencia avanza sin freno. San Andrés Tuxtla vuelve a ser escenario del caos, y la ciudadanía —una vez más— queda sola, desprotegida y condenada a sobrevivir como pueda en un Veracruz donde la seguridad dejó de existir hace mucho.
Redacción Reportaje Veracruzano



