EL HIGO SE AHOGA EN AGUAS NEGRAS: EL GOBIERNO MUNICIPAL BRILLA POR SU AUSENCIA
Una bomba sanitaria a punto de estallar ante la indolencia del alcalde Víctor de la Garza

El Higo, Ver.— Lo que comenzó como una inundación severa se ha transformado en un infierno prolongado para cientos de familias de las colonias CNC y La Gloria. A casi dos meses del desastre, la emergencia ya no es meteorológica: es gubernamental. La ciudad está sumida en aguas negras, pestilencia, desechos y riesgo sanitario, mientras la autoridad municipal se esfuma en el aire.
Los habitantes describen un panorama dantesco: drenajes colapsados durante semanas, calles convertidas en canales de aguas residuales, moscos y roedores multiplicándose entre montones de basura podrida, y alcantarillas abiertas que desde hace años son auténticas trampas mortales. El olor es insoportable. La indignación, también.
En el centro del reclamo aparece el alcalde Víctor de la Garza Sánchez, quien —según denuncian los propios vecinos— pasó buena parte de la emergencia y del periodo posterior en Xalapa, donde vive su familia. Mientras tanto, El Higo se hunde en un abandono tan evidente como ofensivo.
A su sombra opera, o más bien no opera, Rigoberto Zaleta Gea, encargado de la CAEV en el municipio. Su dependencia total del visto bueno del alcalde ha tenido consecuencias directas: en la colonia CNC, el drenaje lleva semanas colapsado sin que un solo Vactor aparezca para desazolvar las líneas. La supuesta coordinación institucional es, en la práctica, un muro de parálisis y negligencia.
Los testimonios son contundentes:
—“Estamos cansados de promesas. Queremos soluciones, no funcionarios escondidos”, reclaman los colonos.
El miedo ya no es a la inundación, sino a una epidemia: enfermedades respiratorias, gastrointestinales y focos de infección avanzan mientras las autoridades parecen resignadas a mirar hacia otro lado.
Ante el vacío municipal, los habitantes hacen un llamado desesperado a la gobernadora Rocío Nahle y al director estatal de la CAEV para intervenir de inmediato y frenar lo que ya califican como una crisis sanitaria en gestación.
Mientras tanto, El Higo se queda atrapado entre aguas negras, promesas rotas y un gobierno municipal que, para muchos, dejó de existir desde el día en que comenzó la tragedia.
Redacción



