
Rocío Nahle García insiste en que ha hecho lo impensable: en un año de gobierno habría reducido la deuda pública de Veracruz de 119 mil millones de pesos a 62 mil millones. Sus palabras suenan a triunfo épico, pero bajo esa prosa triunfalista hay grietas, mecanismos poco claros y preguntas que exigen respuestas urgentes.
La versión oficial: “saldamos lo heredado”
- Nahle afirma que, al asumir, recibió una deuda con el SAT de 30 mil millones, y ahora está “en cero”.
- También asegura que se redujo la deuda con el ISSSTE de 25 mil millones a 11 mil millones.
- Según su balance, la reducción del pasivo total es de alrededor del 42 %, sin sacrificar obra pública, programas sociales o inversiones.
- Para liquidar el SAT, dice haberse acogido al programa federal “Deudor Cumplido”, siendo Veracruz el único estado en cumplirlo completamente.
- Sobre la deuda bancaria —que sería entre 50 y 60 mil millones según su reporte— pretende estructurar un plan de pago a seis años.
Lo que no cuadra: sombras en la reestructuración
- ¿Es real la cifra de 62 mil millones?
No todos los medios coinciden con el número exacto de la deuda remanente. Por ejemplo, Al Calor Político reporta que la cifra bajó a 69,645 millones, no 62 mil. Esa diferencia de casi 8 mil millones no es trivial. ¿Dónde quedó ese dinero? ¿Hay contabilidad inflada oficialmente? - ¿Fue tan limpio como lo pinta?
Nahle asegura un uso responsable de los recursos, sin pedir nueva deuda para pagar la vieja. Pero el plan para el SAT incluye “esquemas de colaboración” con el SAT, y el primer abono que hizo fue por 2,800 millones en abril de 2025. Esa cifra es grande, pero no es mágica: viene de recursos estatales y no se aclara hasta qué punto se sacrificaron otras prioridades. - ¿Qué tan sostenible es su plan a seis años?
En febrero de 2025, la gobernadora habló de reestructurar también la deuda con el ISSSTE y el SAT en un programa a seis años. Eso suena bien para gobernar con una “disciplina financiera”, pero también significa cargar compromisos a futuro. No es un pago inmediato, es una promesa a plazos largos. ¿Y si vienen crisis, los ingresos bajan o cambian las condiciones? - ¿Quién se beneficia realmente?
Nahle dice que limpiar las finanzas liberará recursos para obra pública, seguridad, salud, salarios. Pero, ¿hay auditoría externa para verificar que esos recursos no se desvíen? Reducir deuda suena muy bien para la narrativa, pero si no va acompañado de transparencia, podría convertirse en un colchón para ocultar gasto discrecional bajo una bandera de “rescate financiero”. - Riesgos latentes sobre los trabajadores
Parte de la deuda con el ISSSTE corresponde a “cuentas individuales” de los trabajadores, advierte Nahle. Eso implica que podría estar negociando con el ISSSTE y el gobierno federal a costa del patrimonio laboral de los empleados. Si no se asegura un acuerdo justo, esos fondos podrían quedar vulnerables.
Conclusión: ¿es un logro o un disfraz?
El discurso de Nahle sobre la reducción de la deuda es poderoso y mediáticamente atractivo: promete que Veracruz se libera de cadenas históricas, mientras mejora servicios, salarios, obra pública. Pero detrás del brillo, hay interrogantes reales:
- ¿Sus números son tan sólidos como afirma?
- ¿Se está vendiendo como salvadora de las finanzas, cuando en realidad podría estar empatando pasivos a largo plazo?
- ¿Tiene la ciudadanía visibilidad real sobre cómo se financia todo esto y a qué compromisos se está obligando para el futuro?
Si esto es realmente un saneamiento financiero profundo, es un gran paso para Veracruz. Pero si es solo una estrategia para maquillar la deuda o para adular la narrativa de su administración, entonces tarde o temprano los veracruzanos podrían pagar la factura más cara: no solo en pasivos, sino en opacidad y promesas incumplidas.
Redacción Reportaje Veracruzano



