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Tuxpan se hunde en la oscuridad: otra fosa clandestina revela tres cuerpos y exhibe el fracaso absoluto del Estado en detener la barbarie

Xalapa, Ver. — Veracruz vuelve a cimbrarse con un hallazgo que desnuda, sin filtros ni eufemismos, la profundidad de la crisis humanitaria que el gobierno intenta maquillar con discursos huecos. Tres cuerpos —dos mujeres y un hombre— fueron extraídos de fosas clandestinas en la localidad de Chalahuite, Tuxpan, una zona donde la tierra ya no es un territorio agrícola, sino un cementerio criminal que crece mientras la autoridad mira hacia otro lado.

El descubrimiento no fue obra de inteligencia estatal ni de investigaciones estratégicas: fueron elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional quienes, durante recorridos rutinarios, detectaron un predio con señales inequívocas de actividad ilícita. Bastó una inspección para confirmar lo que la región teme desde hace años: la presencia de fosas clandestinas donde se entierra no solo cuerpos, sino la dignidad de todo un estado.

La Fiscalía General del Estado llegó después, tarde como siempre, solo para realizar el levantamiento y las diligencias técnicas. Peritos y ministeriales localizaron los restos de dos mujeres y un hombre, trasladados al SEMEFO de Tuxpan para intentar devolverles un nombre, una historia, una última verdad. Mientras tanto, el predio quedó bajo resguardo militar en espera de más excavaciones. Porque cuando aparece una fosa en Veracruz, rara vez es la única.

El hallazgo ocurre a menos de dos meses de otra escena igual de devastadora: las fosas en Tepetzintlilla, donde se localizaron cuatro cuerpos, entre ellos el de la maestra Irma Hernández Cruz —torturada y asesinada— y donde posteriormente se confirmó la identidad de tres mujeres desaparecidas: Belén Ramos Álvarez (26 años), Xóchitl Ivette Villar Barrios (33 años) y Jimena Hernández Hernández (21 años), esta última originaria de Hidalgo.

Las cifras no mienten, aunque la autoridad intente suavizarlas. En un mismo corredor geográfico, los hallazgos se acumulan, las víctimas se repiten, y el horror se vuelve paisaje. Y lo más grave: los colectivos de búsqueda llevan años advirtiendo que el norte de Veracruz es un mosaico de fosas clandestinas operadas por células criminales, una realidad que gobierna con más fuerza que las instituciones.

Mientras el gobierno promete, minimiza o maquilla, la tierra sigue devolviendo cuerpos.

Tres más hoy.
¿Y cuántos mañana?

Redacción Reportaje Veracruzano

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