¡Norte de Veracruz en guerra silenciosa! Las fosas, los muertos y los levantones que desmienten la “doctrina de no-confrontar”

Mientras las autoridades estatales siguen promoviendo una estrategia basada en la “disuasión por omisión” —evitar enfrentamientos directos con grupos del crimen organizado—, lo que ocurre en el norte de Veracruz pinta otro escenario: una espiral de ejecuciones, levantones, fosas clandestinas y terror que domina amplias zonas de una región donde el Estado parece haber cedido el control al crimen. Los recientes hallazgos de cuerpos enterrados, asesinatos de civiles y ataques sistemáticos evidencian que la “paz dinámica” anunciada dista mucho de ser real.
Fosas clandestinas, cuerpos enterrados y desapariciones olvidadas
- El 20 de noviembre de 2025, elementos del Ejército hallaron una fosa clandestina en la comunidad de Chalahuite, municipio de Tuxpan, Veracruz. En ella fueron localizados los cuerpos de dos mujeres en avanzado estado de descomposición, quienes hasta ahora carecen de identidad pública.
- Días después, en una intervención más amplia en un predio de ese municipio, fuerzas federales desenterraron cuatro cuerpos sin identificar —con prendas, objetos personales y evidencias de entierro clandestino— lo que confirma que el hallazgo no fue un hecho aislado, sino parte de un patrón sistemático.
- En Álamo Temapache, Veracruz, una región vecina, fue descubierto un “rancho del horror” con múltiples cuerpos enterrados clandestinamente. En ese sitio se identificaron al menos tres mujeres —entre ellas una reportada como desaparecida en 2025— junto con una maestra jubilada y taxista, víctimas de secuestro y violencia organizada.
- Estos casos no son la excepción: la entidad mantiene un récord estremecedor de fosas clandestinas desde hace años. De acuerdo con investigaciones recientes, durante un sexenio se contabilizaron más de 180 fosas con 226 cuerpos en Veracruz, ubicando al estado entre los más afectados a nivel nacional.
El descubrimiento de fosas y cuerpos sin identificar pone en evidencia una faceta de violencia invisible para las estadísticas oficiales: desapariciones forzadas, ejecuciones clandestinas y entierros en masa que muchas veces no trascienden —o lo hacen años después, cuando familiares de víctimas y colectivos de búsqueda logran sus hallazgos.
La violencia visible: ejecuciones, levantones y terror a cielo abierto
- En el municipio de Tuxpan, Veracruz, la violencia alcanzó niveles históricos durante 2025. Según reportes periodísticos, la muerte del director del penal local (18 de junio) y varios homicidios en viviendas mostraron que los cárteles que disputan la plaza —principalmente una escisión del antiguo Cártel del Golfo, conocido como Grupo Sombra, y células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)— operan con impunidad.
- La disputa criminal ha generado miedo generalizado: empresarios cierran comercios, familias se encierran en sus viviendas, y la población vive bajo la sombra del cobro de piso, secuestros exprés y amenazas constantes.
- Las fuerzas federales respondieron —al menos nominalmente— con un despliegue masivo: en agosto de 2025 fueron enviados 300 elementos del Ejército y de la Guardia Nacional a municipios del norte (como Poza Rica, Papantla y Cazones), acompañados de la Marina, para “restablecer el orden y apoyar a la población civil”.
- Pero estos operativos, según testimonios locales y resultados recientes, no han detenido las ejecuciones ni los hallazgos de fosas, lo que evidencia una estrategia fallida o insuficiente: la violencia continua, más subterránea —pero mortal— que nunca.
Doctrina del “no confrontar”: ¿Estrategia o complicidad estatal?
El discurso oficial, representado con insistencia por la secretaria estatal y autoridades de seguridad, se sostiene en la idea de que cualquier confrontación directa con grupos criminales pondría en riesgo a la población civil. Se promueve la “disuasión por omisión”, la “sana distancia” y la “paz dinámica” como alternativas de seguridad. Pero los resultados registrados en Tuxpan, Álamo, Poza Rica y municipios aledaños exponen otra realidad:
- Fosadas clandestinas recién descubiertas.
- Ejecuciones selectivas, asesinatos de civiles, secuestros y extorsiones continuas.
- Control territorial efectivo de grupos del crimen organizado, que operan con libertad, imponen “impuestos” (cobro de piso), y someten a la población en una lógica de terror.
Este panorama cuestiona de fondo la estrategia oficial: si el Estado evita la confrontación y no muestra resultados reales de pacificación, ¿no estará legitimando el dominio criminal y la impunidad?
La tragedia humana silenciada: víctimas, desaparecidos y familias que no encuentran justicia
Detrás de cifras y notas sensacionalistas hay personas reales: mujeres, hombres, jóvenes desaparecidos, muertos que aparecen en fosas clandestinas, familias destrozadas por la incertidumbre, abogados, maestros, taxistas, trabajadores comunes —todos vulnerables en un sistema que apuesta por la omisión.
Colectivos de búsqueda han alertado: cada nuevo hallazgo revela cadáveres sin identificar, restos humanos olvidados, heridas abiertas en comunidades que exigen justicia.
El miedo no es genérico: es específico, violento y cotidiano. Viviendas vacías, negocios clausurados, calles desiertas en horas nocturnas, familias enteras desplazadas. El terror no solo acecha en zonas rurales o montañosas: toca a ciudades, colonias y casas habitación.
Conclusión: el silencio del Estado como cómplice activo
La “paz dinámica” pregonada por autoridades ya no engaña: las fosas, los cuerpos, los muertos, los desaparecidos, las ejecuciones, los levantones —todo evidencia que la estrategia de no confrontar ha resultado en abandono, impunidad y sangres derramadas.
Si el Estado se niega a actuar con firmeza, si se limita a discursos grandilocuentes y cifras maquilladas, se convierte en cómplice indirecto de la violencia. El norte de Veracruz —Tuxpan, Poza Rica, Álamo, y sus municipios aledaños— exige soberanía real, protección efectiva, justicia para las víctimas y rendición de cuentas, no palabras vacías.
La pregunta final es brutal, pero inevitable:
¿Quién protege a los ciudadanos cuando el Estado decide no confrontar al crimen?
Redacción Reportaje Veracruzano



