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ÁLAMO BAJO FUEGO: EJECUCIÓN DE UN TRAILERO Y ATAQUE ARMADO PREVIO EXPONEN EL COLAPSO TOTAL DE LA SEGURIDAD

Álamo Temapache, Ver., martes 13 de enero de 2026.— Álamo Temapache vivió este martes una jornada que desnuda, sin matices ni eufemismos, el fracaso absoluto del Estado para garantizar la vida y la seguridad de sus ciudadanos. En menos de una hora, el municipio fue escenario de dos ataques armados de extrema gravedad: primero, un atentado directo contra un domicilio; después, la ejecución a sangre fría de un trailero dentro de su propia casa. Dos hechos distintos, un mismo mensaje: en Álamo, la violencia manda.

Alrededor de las 12:30 horas, la calma aparente de la comunidad de Nuevo Jardín fue destrozada por una ráfaga de disparos. Sujetos armados atacaron sin piedad una vivienda ubicada sobre la calle Francisco I. Madero, dejando más de una decena de casquillos percutidos calibre 9 milímetros regados sobre el pavimento, como prueba muda de una agresión planeada y cobarde. La casa y una camioneta estacionada al frente fueron impactadas en múltiples ocasiones. El propietario del inmueble, un maestro ampliamente conocido en la región, se salvó únicamente porque no se encontraba en el lugar.
No hubo heridos. No hubo detenidos. No hubo prevención.

Y, sobre todo, no hubo autoridad que anticipara el riesgo, pese a versiones vecinales que apuntan a amenazas previas contra el docente. La pregunta es inevitable y brutal: ¿para qué sirve el aparato de seguridad municipal si ni siquiera es capaz de reaccionar ante alertas claras?

Menos de una hora después, la violencia escaló al punto de no retorno.

A las 13:45 horas, en la calle Netzahualcóyotl de la colonia Azteca —una zona habitacional ubicada junto al bordo de la carretera federal Álamo–Potrero del Llano—, un trailero fue ejecutado con saña. Víctor Hugo González Díaz, de 45 años de edad, fue asesinado de al menos 11 disparos dentro de su domicilio. No en un paraje aislado. No en un camino solitario. En su casa. A plena luz del día.

Los agresores entraron, dispararon y se fueron. Con la precisión de quien sabe que no habrá consecuencias inmediatas.

Elementos de la Policía Estatal llegaron como primeros respondientes; después se sumaron Policía Municipal y personal de la Marina. Más tarde, peritos criminalistas realizaron el levantamiento de indicios y el acordonamiento de la escena. El protocolo posterior fue impecable. La prevención, inexistente.

Estos dos ataques, ocurridos con minutos de diferencia, no pueden ni deben analizarse como hechos aislados. Son síntomas claros de una descomposición profunda en Álamo Temapache, un municipio donde la violencia dejó de ser excepción para convertirse en rutina, mientras la ciudadanía vive entre el miedo, el silencio y la resignación forzada.

La responsabilidad política flota en el ambiente como una deuda impagada. El pasado gobierno municipal de Blanca Lilia Arrieta Pardo dejó una herencia de inseguridad que hoy recae, sin excusas, sobre la administración actual de José Roberto “Pepe” Arenas Martínez, quien inicia el periodo 2026–2029 con un municipio sitiado por el crimen. Gobernar no es administrar discursos: es proteger vidas. Y hoy, esa obligación está fallando.

La Fiscalía General del Estado abrió las carpetas de investigación correspondientes. Sin embargo, en un contexto donde la impunidad es la regla y no la excepción, la apertura de expedientes ya no tranquiliza a nadie.

La pregunta final no es retórica, es urgente:
¿cuántos ataques más necesita Álamo Temapache para que la seguridad deje de ser una simulación y se convierta en una política real, eficaz y visible?
Porque este martes, el mensaje fue claro, brutal y directo: en Álamo, cualquiera puede ser el siguiente.

Redacción Reportaje Veracruzano

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