AUSTERIDAD DE DISCURSO, LUJO DE FACTO: EL CASO SAN ROMÁN Y LA DOBLE VIDA DEL PODER EN TANTOYUCA

Por fuera, el discurso impecable de la “austeridad republicana”. Por dentro, la ostentación sin pudor. El alcalde de Tantoyuca, el morenista Roberto San Román, se ha convertido en un caso paradigmático de la contradicción política: predicar pobreza institucional mientras se exhibe riqueza personal de alto calibre
Este viernes 23 de enero de 2026, San Román volvió a ser exhibido públicamente, ahora por su guardarropa de lujo y un estilo de vida que dista abismalmente del relato de modestia que Morena exige a sus cuadros. Pero esta historia no es nueva, ni aislada: es la continuación de una cadena de señales que apuntan a una pregunta central e incómoda: ¿de dónde sale el dinero?
El departamento, el todo terreno y el timing perfecto
En agosto de 2025, apenas recién ganadas las elecciones, comenzaron a circular versiones —atribuidas a su exesposa, Sandra Padilla— sobre la compra de un departamento de lujo en Boca del Río, cuyo valor fue señalado primero en 8 millones de pesos y posteriormente en 18 millones, según distintas referencias del mismo inmueble.

No se trató solo de una propiedad. San Román fue visto desplazándose en un vehículo todo terreno con valor cercano a los 900 mil pesos, y vistiendo ropa de marcas exclusivas, como una playera Balmain valuada en más de 7 mil 500 pesos. Todo ello cuando aún no tomaba posesión como alcalde y cuando, oficialmente, no se le conocían ingresos que explicaran ese nivel de gasto.
El lujo no fue discreto. Fue público, fotográfico y provocador.
La trama personal que agrava el conflicto
Las versiones atribuidas a su exesposa añadieron un elemento más delicado: que el departamento habría sido adquirido para vivir con su entonces pareja, Reyna Robles Mustafa, jefa de oficina del ICATVER Tantoyuca, quien además —según dichas versiones— estaría casada con Omar Rivera Pinete, hijo de la exdiputada María del Carmen Pinete.
Hoy, San Román está casado con Samantha Díaz, pero el historial de relaciones cruzadas, cargos públicos y vínculos familiares no disipa dudas; las multiplica.
La pregunta que nadie responde
No se trata de moral privada, sino de ética pública. No se trata de envidia social, sino de coherencia política. Morena llegó al poder prometiendo acabar con los excesos, no administrarlos en silencio.

La pregunta sigue ahí, intacta y cada vez más incómoda:
¿Cómo financia un alcalde electo —antes de asumir el cargo— propiedades millonarias, vehículos de lujo y vestimenta de marcas exclusivas?
¿Con qué ingresos declarados?
¿Con qué respaldo fiscal?
¿Con qué congruencia frente a la ciudadanía de Tantoyuca, uno de los municipios con mayores rezagos históricos?
El silencio como respuesta
Hasta ahora, no hay explicación pública, no hay desglose patrimonial convincente, no hay aclaración que enfrente los señalamientos. Solo hay silencio. Y en política, el silencio frente al lujo no absuelve: incrimina.
Roberto San Román puede insistir en la narrativa de la austeridad, pero los hechos —departamentos, vehículos, marcas— cuentan otra historia.
Una historia que exige ser investigada, aclarada y, de ser necesario, auditada.
Porque cuando el poder se disfraza de modestia mientras vive en el exceso, no estamos ante un error personal, sino ante una traición al mandato público.
Redacción Reportaje Veracruzano



