BIENESTAR PARA LOS DE CASA: GÓMEZ CAZARÍN CONVIERTE HUEYAPAN EN UN FEUDO FAMILIAR CON SELLO DE LA 4T

Veracruz, Ver.— Lo que en el discurso oficial se vende como “austeridad republicana” y combate frontal al nepotismo, en la práctica se diluye cuando toca intereses cercanos al poder. En Hueyapan de Ocampo, el delegado estatal de los Programas para el Bienestar, Juan Javier Gómez Cazarín, ha logrado lo que muchos políticos sueñan y pocos admiten: transformar la administración pública en un patrimonio familiar, en abierta contradicción con los principios que pregona la propia presidenta Claudia Sheinbaum.
La incongruencia es evidente. Mientras desde Palacio Nacional se insiste en erradicar viejas prácticas, en el terruño político de Gómez Cazarín el apellido pesa más que el mérito. La polémica estalló tras confirmarse que su hermano Luis Alberto Gómez Cazarín, quien “sacrificó” sus aspiraciones a la alcaldía para evitar señalamientos de nepotismo, fue recompensado con un cargo estratégico como secretario del Ayuntamiento.
Pero el caso no se limita a un solo familiar. Dos primos y un sobrino del delegado federal fueron colocados en áreas neurálgicas del gobierno municipal, incluyendo la Tesorería, el Ramo 033 y el DIF, es decir, las oficinas donde se administran recursos, programas sociales y decisiones sensibles. No se trata de coincidencias: se trata de un patrón de ocupación del aparato público por vínculos de sangre.
Este entramado no es menor ni accidental. Analistas y observadores políticos han documentado que Gómez Cazarín —exdiputado local y expresidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso de Veracruz— utilizó su peso político para asegurar el control administrativo del municipio, prolongando la influencia de su familia tras el gobierno de su padre, Juan Gómez Martínez, alcalde de Hueyapan durante el periodo 2022-2025.
En los hechos, el ayuntamiento dejó de funcionar como órgano de gobierno para operar como una empresa familiar financiada con recursos públicos, según señalan habitantes y críticos locales. La situación no solo erosiona la confianza ciudadana, sino que desnuda la doble moral del discurso oficial, ese que exige sacrificios a unos mientras tolera privilegios para otros.
El antecedente agrava el escenario. Durante el proceso electoral pasado, el propio Gómez Cazarín tuvo que intervenir para frenar la candidatura de su hermano y evitar el escándalo de una sucesión directa. Sin embargo, la “corrección” fue solo cosmética: el apellido no apareció en la boleta, pero sí en los cargos clave, donde se maneja el dinero y se toman las decisiones.
Este caso no es aislado. Se suma a una lista creciente de parentescos incrustados en la administración pública veracruzana, una práctica que diversos medios han advertido como una normalización peligrosa del nepotismo bajo nuevas siglas, pero con viejas mañas.
La pregunta es inevitable y profundamente incómoda:
¿De qué sirven los discursos contra el nepotismo si los propios delegados federales los tratan como recomendaciones opcionales?
¿Dónde queda la ética pública cuando el “Bienestar” termina concentrado en una sola familia?
Lo ocurrido en Hueyapan de Ocampo no es una anécdota municipal, es una señal de alarma. Porque cuando los programas sociales y las estructuras de gobierno se usan para consolidar linajes políticos, el daño no es solo administrativo: es moral, institucional y profundamente político.
¿Es este el “Bienestar para todos y todas” que prometió la Cuarta Transformación?
Los hechos, una vez más, responden por sí solos.
Redacción Reportaje Veracruzano



