Camionetas del terror recorren el sur de Veracruz: el mismo rastro, la misma impunidad

La violencia que asfixia al sur de Veracruz ya no se mueve en las sombras: circula con placas visibles, en camionetas identificables y con un patrón que se repite sin pudor, mientras las autoridades guardan silencio. La privación ilegal de la libertad ocurrida la madrugada de este lunes en el fraccionamiento Los Mangos, en Cosoleacaque, no es un hecho aislado, sino una pieza más de un engranaje criminal que opera con alarmante regularidad en la región.
De acuerdo con información expuesta públicamente por el empresario y citricultor Miguel Ángel Vázquez Bonilla, las camionetas utilizadas en el “levantón” de dos pequeños empresarios coinciden plenamente con unidades captadas en otros hechos violentos recientes en municipios como Jáltipan, Acayucan, Sayula y el propio Cosoleacaque. El señalamiento es directo y perturbador: son las mismas camionetas, el mismo modo de operar y, presumiblemente, el mismo grupo criminal.

Entre las unidades señaladas destaca una camioneta RAM blanca, así como Hilux blancas y una gris, todas recurrentes en ataques armados, amenazas, extorsiones y privaciones de la libertad. El patrón es constante: sujetos armados, irrupción violenta, sometimiento de las víctimas y huida sin oposición. Una mecánica que se repite con precisión quirúrgica, como si nadie las persiguiera.
La madrugada del lunes 26 de enero, hombres armados llegaron a un domicilio del fraccionamiento Los Mangos y privaron de la libertad a Antonio Escobar Torres y Jorge Luis Alejandro Colmenares, dedicados a la renta de inflables infantiles. Vecinos y conocidos los identifican como personas trabajadoras, sin antecedentes delictivos, lo que vuelve aún más inquietante el mensaje: en el sur de Veracruz ya no se persigue a criminales, se caza a ciudadanos comunes.
Las coincidencias en color, tipo de unidades y forma de ejecución apuntan, según lo denunciado, a una misma estructura criminal que estaría detrás de la escalada de violencia: levantones, ejecuciones, quema de negocios y cobro de piso contra comerciantes y empresarios. Un grupo que, además, busca someter a la población mediante el terror, imponiendo cuotas y forzando la colaboración de sectores enteros —como taxistas— bajo amenazas.
Lo más grave no es solo la reiteración de los hechos, sino la ausencia de una postura clara por parte de las autoridades. Hasta ahora, no existe un pronunciamiento oficial que confirme o descarte la relación entre estos eventos, pese a que las camionetas han sido vistas una y otra vez en distintos escenarios delictivos. La pregunta es inevitable:
¿nadie las investiga, nadie las sigue, nadie las detiene?
En el sur de Veracruz, la violencia dejó de ser eventual para convertirse en sistemática, y la impunidad parece circular sobre ruedas. Mientras tanto, la población —particularmente el sector productivo— exige acciones reales, no discursos, frente a una criminalidad que actúa con método, repetición y una confianza que solo puede explicarse por la falta de consecuencias.
Redacción Reportaje Veracruzano



