Coatzacoalcos sangra mientras el alcalde promete seguridad: el segundo homicidio del año exhibe un fracaso que nadie quiere enfrentar

Coatzacoalcos, Ver.— Apenas iniciado 2026, la violencia ya marca territorio en el sur de Veracruz con una crudeza que deja en evidencia no solo la incapacidad para contener el crimen, sino también la profunda desconexión entre las promesas oficiales de seguridad y la realidad brutal que se vive en las calles.
Este domingo, un hombre fue ejecutado a balazos en plena colonia Constituyentes, sobre la calle Río Grijalva, casi esquina con Bugambilia, en lo que representa el segundo homicidio registrado en la ciudad en lo que va del año. El ataque, perpetrado por dos sujetos que se desplazaban a bordo de una motocicleta y vestían overoles industriales color naranja, tuvo un claro sello de ejecución: múltiples disparos y una huida sin obstáculos que vuelve a exhibir la impunidad que impera en Coatzacoalcos.
Minutos después del ataque, paramédicos confirmaron que la víctima ya no contaba con signos vitales. El cuerpo fue localizado dentro de una zanja que funciona como canal pluvial, mientras peritos ministeriales realizaban las diligencias correspondientes. Posteriormente, fue trasladado al Servicio Médico Forense (SEMEFO), donde permanece en espera de identificación legal. Hasta el momento, no hay personas detenidas ni un móvil definido, pese a la gravedad del hecho.
La indignación social se agrava al considerar que este crimen ocurre en medio de un despliegue de fuerzas federales y estatales anunciado como parte de una estrategia para reforzar la seguridad en la ciudad, acciones que, hasta ahora, no han mostrado resultados tangibles en la reducción de la violencia. La ejecución de este domingo derrumba cualquier discurso de “pacificación” cuando, en los hechos, los homicidios continúan cobrando vidas.
Este escenario se desarrolla bajo la administración de Pedro Miguel Rosaldo García, alcalde de Coatzacoalcos para el periodo 2026–2029, quien desde su toma de protesta ha insistido en la implementación de un “nuevo modelo de seguridad” basado en coordinación interinstitucional, inteligencia y tecnología, prometiendo devolver la tranquilidad a la ciudad.
Sin embargo, la realidad cotidiana —donde la violencia no cede, las ejecuciones se repiten y la percepción de inseguridad se mantiene entre las más altas del estado— sugiere que las palabras no se han traducido en resultados concretos para una población que votó esperando un cambio real.
En Coatzacoalcos, cada homicidio derrama más que sangre: alimenta la indignación, erosiona la confianza ciudadana y expone la distancia entre el discurso oficial y la urgencia de una sociedad que exige protección efectiva, no diagnósticos reciclados ni promesas reiteradas.
La pregunta que recorre la ciudad es inevitable: ¿hasta cuándo las autoridades responderán a la violencia con resultados y no solo con declaraciones? Porque cada ejecución es una advertencia silenciosa para los habitantes y una señal inequívoca de que, por ahora, el plan de seguridad sigue siendo letra muerta en Coatzacoalcos.
Redacción Reportaje Veracruzano



