Carretera 180: la ruta de la muerte que Veracruz no quiere ver — “Tito”, un joven mecánico, cae en un ataque armado que exhibe el fracaso total de la seguridad

Lerdo de Tejada, Ver.– La noche volvió a teñirse de rojo en Veracruz. En la carretera federal 180, donde miles de veracruzanos transitan cada día para trabajar, estudiar o simplemente sobrevivir, un ataque armado más dejó una escena devastadora: un joven tendido a orillas del asfalto, una motocicleta roja sobre el pavimento y una familia destruida para siempre.
Se llamaba Cristóbal Ávalos Corro, tenía 23 años y todos lo conocían como “Tito”, un mecánico de El Pantanal que se ganaba la vida arreglando motos, no metiéndose con nadie. Un muchacho trabajador, de esos que sostienen al estado sin hacer ruido. A él y a su acompañante —identificado como Kevin Alexander— los interceptaron sujetos armados a la altura del Rastro Municipal de Lerdo de Tejada.
A Tito no le dieron oportunidad de nada.
A Kevin lo mandaron al hospital.
La escena quedó ahí, expuesta, brutal, cruda: un casco puesto, una moto deportiva color rojo tirada y un cuerpo sin vida. Una postal del Veracruz real, el que ningún boletín oficial quiere admitir.
Una emboscada quirúrgica… y un silencio oficial igual de mortal
Según los primeros datos, los agresores abrieron fuego de forma directa, sin aviso, sin provocación: un ataque preciso, ejecutado en segundos y que volvió a poner en evidencia el control criminal en la región.
La respuesta del Estado llegó tarde, como siempre:
cintas amarillas, agentes posando para la foto, reportes que no dicen nada, investigaciones que no avanzan y un discurso que jamás cambia.
El operativo posterior no resucitó a Tito.
Tampoco reconstruye el miedo que deja un ataque así en toda la población.
Un joven que trabajaba, un estado que no funciona
En El Pantanal, el asesinato de Tito no solo es un golpe de dolor: es una señal siniestra de que ni los jóvenes trabajadores, ni los ciudadanos comunes, ni los que “no se meten con nadie” están a salvo.
Era mecánico.
Era buen vecino.
Era querido.
Hoy es otra víctima en la larga lista de homicidios que Veracruz acumula a diario mientras las autoridades repiten sus discursos vacíos sobre “coordinación” y “reforzamiento”.
La carretera 180: el corredor donde matan sin prisa y huyen sin problema
La federal 180 se ha convertido en un territorio donde los grupos criminales operan con libertad obscena:
- Atacan.
- Ejecutan.
- Huyen.
- Y las autoridades llegan después a poner conos naranjas.
¿Cuántos más deben morir en la carretera más transitada del estado para que el gobierno admita que ya perdió el control?
Una familia destrozada, una comunidad aterrorizada y un gobierno ausente
La muerte de Tito ha sacudido a El Pantanal, donde lo recuerdan como un joven amable, dedicado, comprometido con su oficio. La noticia generó llanto, rabia y una sensación de vulnerabilidad total.
Porque la violencia no solo mata: rompe comunidades enteras.
¿Y la autoridad?
Mientras la población vela a sus muertos, el aparato de seguridad apenas puede acordonar escenas del crimen.
No previenen.
No disuaden.
No detienen a nadie.
Veracruz está perdiendo a sus jóvenes más valiosos, y lo está haciendo en silencio, en las carreteras, en las noches, en los trayectos diarios, sin que nadie en el poder asuma responsabilidad.
**Tito no debió morir.
Ninguno de ellos debió morir.**
Pero en Veracruz, la vida de un joven trabajador vale menos que la ineficiencia de quienes presumen “estrategias de seguridad”. Y mientras el Estado se hunde entre excusas, las carreteras siguen siendo territorio de la muerte.
La historia de Tito no debe olvidarse.
Es el retrato de un estado que sigue fallando…
y de un pueblo que sigue enterrando a los suyos sin respuestas.
Redacción Reportaje Veracruzano



