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CUATRO MESES SECUESTRADO POR EL ESTADO: la Fiscalía de Veracruz encarceló a un inocente y hoy guarda silencio

Veracruz, Ver., 24 de enero de 2026.— En Veracruz no solo se fabrican culpables: se destruyen vidas con el sello de la Fiscalía General del Estado. Arturo Soto Medina, trabajador del Ayuntamiento de Minatitlán, pasó más de cuatro meses tras las rejas acusado de un delito atroz que jamás cometió. Secuestro agravado. Una imputación devastadora que hoy se cae a pedazos por una razón tan grave como vergonzosa: era inocente.

La acusación se derrumbó en audiencia. La Fiscalía tuvo que aceptar lo evidente: se trató de un error de identidad, una homonimia mal investigada, mal integrada y peor sostenida. El día y la hora en que, según la carpeta, Soto Medina habría participado en un secuestro ocurrido el 22 de febrero de 2022 en Medellín de Bravo, él se encontraba trabajando en Capoacán, Minatitlán, a más de 300 kilómetros de distancia. No era una coartada endeble: era un hecho comprobable desde el inicio.

Aun así, la Fiscalía lo encarceló. Aun así, pidió y sostuvo la prisión preventiva. Aun así, permitió que un inocente cargara durante meses con el estigma de un delito que en Veracruz suele equivaler a una sentencia social anticipada. Audiencias diferidas, retrasos injustificados y una maquinaria judicial lenta cuando se trata de corregir sus propios errores marcaron el proceso.

La libertad de Arturo Soto Medina fue ordenada este viernes durante la audiencia de sobreseimiento en el Centro Integral de Justicia del puerto de Veracruz. No por buena voluntad institucional, sino porque la acusación simplemente ya no se podía sostener. La mentira procesal colapsó.

La pregunta incómoda —y urgente— sigue en el aire: ¿quién responde por estos cuatro meses robados? ¿Habrá consecuencias para el ministerio público que acusó sin verificar? ¿Para la Fiscalía que prefirió encarcelar primero y revisar después? Hasta ahora, silencio absoluto.

Este caso no es una anécdota ni un “error humano” menor. Es una muestra brutal de cómo la prisión preventiva se usa como castigo anticipado y de cómo la Fiscalía de Veracruz puede convertirse, sin rendición de cuentas, en un poder que encarcela inocentes y luego simplemente pasa la página.

Arturo Soto Medina recuperó la libertad. Pero nadie le devolverá el tiempo, el daño moral, el señalamiento público ni el miedo. Y mientras no haya responsables, el mensaje es claro y peligroso: en Veracruz, cualquiera puede ser culpable… aunque sea inocente.

Redacción Reportaje Veracruzano

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