DEL “MAESTRO AMBIENTALISTA” AL PRESO DE AÑO NUEVO: LA CAÍDA DE QUIEN CONVIRTIÓ A ATOYAC EN TERRITORIO SIN LEY

Atoyac, Ver.— No fue sorpresa. Fue una detención anunciada, murmurada en calles, cantinas y pasillos del poder local. Carlos Alberto VP, expresidente municipal de Atoyac, fue detenido el 31 de diciembre, horas antes de que el calendario marcara el fin de su mandato y el inicio de un año que ya no lo encontraría con escoltas, poder ni obediencia, sino tras los muros de un penal.
La versión oficial habla de un operativo limpio de la Policía Ministerial de Investigación, ejecutado con orden judicial y sin incidentes. La versión real —la que el pueblo conocía desde hace meses— es más cruda: la detención se adelantó porque el exalcalde planeaba huir. Era un secreto a voces que el 1 de enero sería el día señalado, y cuando el señalado lo supo, el Estado decidió no esperar.
Carlos Alberto VP es investigado por su presunta relación con una estructura criminal que operó con impunidad durante su administración y que tuvo su punto de quiebre la madrugada del 27 de octubre en Potrero Nuevo, donde un enfrentamiento dejó como saldo un presunto jefe de plaza abatido y tres personas más sin vida.
EL ORIGEN: CUANDO EL PODER CORROMPE AL “DEFENSOR DEL RÍO”
Llegó al poder como un profesor humilde, con discurso ambientalista, defensor del río y del medio ambiente. Así se vendió. Así ganó. Pero el poder, el dinero y la impunidad hicieron lo suyo. Con el tiempo, la narrativa del luchador social fue sustituida por la del funcionario voraz, con gastos que no cuadraban, ingresos inexplicables y una vida privada que comenzó a pesar más que el servicio público.
De acuerdo con testimonios y líneas de investigación, Carlos Alberto buscó dinero “de donde saliera el varo”. Y salió. Presuntamente, de la obra pública, de los silencios comprados y de los pactos inconfesables.
LA CARRETERA MALDITA Y EL PACTO CON EL CRIMEN
La rehabilitación del tramo Atoyac–Cuitláhuac destapó la cloaca. El constructor fue acosado por el grupo criminal de Potrero Nuevo, que le impuso costos de acarreo exorbitantes, fuera de cualquier tabulador. La obra se frenó. El pueblo estalló. Se acusó un banderazo falso.
Detrás, según las investigaciones, estaba el alcalde. El vínculo no era menor: un parentesco político lo unía al comandante de la Policía Municipal, quien a su vez era yerno del jefe de plaza que controlaba Atoyac. Mandaban ellos, no el Estado.
La noche del 27 de octubre, el equilibrio criminal se rompió. El jefe de sicarios, “Lalito”, se enfrentó a ministeriales en una cantina cercana al Parque Hundido. La Policía Municipal no acudió al auxilio; peor aún, presuntamente obstruyó la llegada de las Fuerzas Armadas y de la SSP. El resultado fue contundente: sicarios abatidos, otros detenidos y el inicio del derrumbe.
UN MUNICIPIO SECUESTRADO
Durante su trágico periodo como alcalde, Atoyac vivió lo que muchos normalizaron por miedo: crímenes a cielo abierto, jóvenes armados patrullando en motocicletas, “tablas de castigo”, cobro de piso como regla y no como excepción. Un municipio secuestrado mientras el Ayuntamiento miraba —o participaba— en silencio.
Las declaraciones de los detenidos comenzaron a señalarlo: encubridor para algunos, líder para otros. La Fiscalía amarró piezas. El margen de maniobra se agotó.
DEL PALACIO AL PENAL
Hoy, Carlos Alberto VP será trasladado al penal de mediana seguridad de La Toma, en Amatlán de los Reyes, donde enfrentará la audiencia inicial. Ahí, el Ministerio Público formulará imputación y el juez decidirá su situación jurídica.
Las autoridades aún no detallan públicamente los cargos, pero el expediente es pesado y el contexto, demoledor.
Y sí, la ley obliga a recordarlo: goza de presunción de inocencia. Pero la historia reciente de Atoyac también obliga a preguntar —con dureza y sin concesiones—:
¿Quién lo protegió tanto tiempo?
¿Quién permitió que el crimen mandara desde el Palacio Municipal?
¿Quién más falta por caer?
Este 1 de enero de 2026, el exalcalde amaneció sin poder, sin estructura, sin grupo criminal y acompañado únicamente de sus debilidades humanas. El maestro ambientalista quedó atrás. El preso del Año Nuevo enfrenta ahora lo que evitó mientras gobernó: la ley.
Redacción Reportaje Veracruzano



