Del miedo cotidiano a la tragedia: el día en que un pueblo quedó a merced de un tirador

Santiago Sochiapan, Ver. — La violencia que durante meses se incubó en silencio estalló este fin de semana en la comunidad de Niños Héroes, donde un hombre armado convirtió una calle rural en escenario de terror. Dos vecinos muertos, animales acribillados y una población marcada por el pánico es el saldo de una jornada que los habitantes describen como “anunciada, pero ignorada”.
El agresor, identificado como Julio “N”, fue detenido por la Policía Municipal cuando intentaba huir tras una secuencia de disparos que, según testigos, comenzó de forma errática y terminó en tragedia humana. Portaba un rifle calibre .22 y, de acuerdo con versiones vecinales, se encontraba bajo los efectos de la droga conocida como cristal.

Los hechos ocurrieron poco después del mediodía, sobre la calle Miguel Hidalgo de esta comunidad rural, ubicada a unos 30 minutos de Playa Vicente. Primero fueron los animales: pavos y gallinas cayeron bajo una lluvia de balas que sembró el pánico entre quienes presenciaban la escena. Luego, sin que mediara discusión o amenaza previa, el arma se dirigió hacia dos hombres que realizaban su vida cotidiana.
Juan Lucas Vázquez, de 57 años, trabajaba en labores de albañilería cuando fue alcanzado por los disparos. Caminó algunos metros antes de desplomarse en un patio contiguo a la vivienda del agresor, bajo una palma. Murió en el lugar. Honorato González Macaria, de 67 años, fue trasladado aún con vida al hospital de Playa Vicente, pero falleció horas después a causa de la gravedad de las heridas.

Para la comunidad, el ataque no fue un arrebato aislado, sino la culminación de un deterioro prolongado. Vecinos relatan que Julio “N” había regresado hace unos meses de Estados Unidos, donde trabajaba en Atlanta. Desde su retorno, dicen, se volvió una figura temida: portaba armas, realizaba disparos al aire y hostigaba a la gente. “No era la primera vez. Todos le teníamos miedo”, confesó un testigo, quien admitió que el temor a represalias inhibió denuncias previas.

El operativo policial se activó tras las llamadas de auxilio de los habitantes y autoridades locales. Al arribar al sitio, los oficiales fueron recibidos con disparos. La situación cambió cuando el rifle del agresor se encasquilló, instante que permitió su sometimiento y captura sin que se registraran más víctimas.
La comunidad describe a Julio “N” como un hombre aislado, con conflictos familiares, que pasaba largos periodos consumiendo drogas y alcohol. En el imaginario colectivo quedó la idea de que “volvió distinto”, cargando resentimientos y una conducta cada vez más errática, sin que ninguna autoridad interviniera a tiempo.

Hoy, Niños Héroes no solo llora a dos hombres conocidos por su trabajo en el campo y su vida sin conflictos. También enfrenta una pregunta incómoda: ¿cuántas señales de alerta se necesitan para evitar que el miedo cotidiano se transforme en muerte?
El detenido permanece bajo custodia policial, a la espera de ser puesto a disposición del juez. Mientras tanto, en este rincón del sur de Veracruz, la calma rural ha sido reemplazada por una certeza amarga: la violencia no siempre llega de fuera; a veces crece dentro del propio pueblo, hasta que ya es demasiado tarde.
Redacción Reportaje Veracruzano



