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Del sepelio al silencio: dos jóvenes desaparecen en Poza Rica tras el asesinato del periodista Carlos Ramírez Castro

Poza Rica, Veracruz.— La violencia que segó la vida del periodista Carlos Ramírez Castro no terminó con los disparos. En Poza Rica, la tragedia se ha extendido en forma de silencio y ausencia. Wendy Arantxa Portilla, pareja del comunicador asesinado, y su amiga Karime Monserrat Murrieta, ambas de 23 años, fueron reportadas como desaparecidas horas después de asistir a su funeral.

Las jóvenes fueron vistas por última vez el sábado 10 de enero de 2026 en el cementerio Jardines de Poza Rica, donde acompañaron a familiares y colegas durante el sepelio del periodista, asesinado dos días antes, el 8 de enero. Al concluir los servicios funerarios, el contacto con ellas se perdió por completo.

Desde entonces, Poza Rica se mueve entre la consternación y la inquietud. Familiares presentaron la denuncia correspondiente ante la Fiscalía General del Estado, que confirmó el inicio de una carpeta de investigación. Sin embargo, el paso de las horas sin información oficial ha incrementado la angustia y la percepción de vulnerabilidad en una ciudad marcada por la impunidad.

El caso ha generado una reacción inmediata en redes sociales, donde comenzaron a circular fotografías, señas particulares y llamados urgentes para localizar a las jóvenes. El reclamo se ha vuelto colectivo: no se trata solo de dos desapariciones más, sino de un episodio directamente vinculado a un crimen que ya había encendido alertas nacionales sobre la violencia contra periodistas en Veracruz.

La desaparición de Wendy Arantxa, pareja sentimental del comunicador asesinado, añade una dimensión aún más inquietante al caso. Para muchos, no es un hecho aislado, sino una extensión del mismo contexto de violencia que rodeó el homicidio de Ramírez Castro. La pregunta que recorre la ciudad es inevitable: ¿se está castigando también el entorno de quienes informan?

Familiares y colectivos han exigido búsqueda inmediata, activa y con resultados, no solo comunicados. La exigencia es clara: que el Estado actúe con la urgencia que la gravedad del caso demanda y rompa el patrón de dilación que suele acompañar a las desapariciones en la región.

En Poza Rica, donde el periodismo ha sido históricamente una labor de riesgo, el mensaje que deja este nuevo episodio es demoledor. El funeral terminó, pero la violencia no. Y mientras dos jóvenes siguen sin aparecer, la ciudad enfrenta otra noche de preguntas sin respuesta.

Cualquier información puede ser determinante. El silencio, advierten familiares y ciudadanos, también es una forma de complicidad.

Redacción Reportaje Veracruzano

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