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Insalubridad y abandono: el Hospital Bernardo Peña enfrenta una crisis silenciosa en San Andrés Tuxtla

San Andrés Tuxtla, Ver.— Lo que debería ser un espacio de recuperación y cuidado médico se ha convertido, para pacientes y trabajadores, en un foco de riesgo sanitario. El Hospital General Dr. Bernardo Peña atraviesa una crisis de insalubridad que ha encendido alertas entre usuarios y personal de salud, ante el deterioro visible de áreas básicas como baños, pasillos y zonas comunes.

De acuerdo con denuncias internas, la falta de limpieza no responde a un hecho fortuito, sino a la suspensión de los servicios de intendencia, presuntamente derivada de un conflicto laboral entre la empresa concesionaria de aseo, identificada como LEIH, y sus trabajadores, quienes enfrentarían adeudos salariales. La parálisis del servicio ha dejado al hospital sin una de las funciones esenciales para su operación cotidiana: la higiene.

El resultado es evidente. Basura acumulada, sanitarios en condiciones deplorables y superficies sucias forman parte del entorno diario dentro del nosocomio, incrementando el riesgo de infecciones intrahospitalarias, particularmente para pacientes en estado delicado o en proceso de recuperación quirúrgica.

Familiares de personas internadas describen un ambiente que contrasta con la promesa de atención digna. “Es inhumano entrar a los baños; el olor es insoportable. Uno viene buscando salud y siente que puede salir peor”, relató un acompañante de un paciente, quien solicitó el anonimato por temor a posibles afectaciones en la atención médica de su familiar.

Mientras tanto, el problema parece diluirse entre responsabilidades cruzadas. Tanto autoridades del hospital como representantes de la empresa de limpieza se han deslindado del conflicto, sin que hasta ahora exista una solución visible. Los trabajadores de intendencia, por su parte, permanecen atrapados en medio de la disputa, sin salario y sin condiciones para retomar labores.

La dirección del Hospital Bernardo Peña no ha emitido un posicionamiento oficial, lo que ha profundizado la incertidumbre entre el personal médico y de enfermería, quienes continúan atendiendo pacientes en un entorno que dista de cumplir con los estándares mínimos de salubridad.

El episodio expone una fragilidad estructural más amplia en el sistema de salud: la dependencia de servicios subcontratados sin mecanismos claros de supervisión y respuesta. En San Andrés Tuxtla, la crisis no se mide solo en cifras, sino en la dignidad y seguridad de quienes acuden al hospital con la expectativa de ser cuidados y no expuestos a nuevos riesgos.

Redacción Reportaje Veracruzano

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