POZA RICA NO ES VOCERA DE DICTADURAS: RAQUEL BONILLA SE ATRIBUYE UNA VOZ QUE NO LE PERTENECE

La senadora morenista Raquel Bonilla decidió cruzar una línea peligrosa: hablar en nombre de México y, peor aún, en nombre de Poza Rica, para expresar su respaldo político e ideológico al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. No se trata de una opinión aislada ni de un desliz retórico. Es una postura reiterada, pública y cuidadosamente construida en redes sociales, acompañada incluso de fotografías con el mandatario venezolano y mensajes de “solidaridad total” con su gobierno.

La afirmación de que “México y su pueblo de Poza Rica” apoyan a Maduro no solo es falsa: es una apropiación indebida de la voluntad colectiva. Ningún funcionario, por alto que sea su cargo, tiene mandato para adjudicarse la conciencia política de toda una ciudad ni de un país entero, menos aún en un conflicto internacional marcado por denuncias de autoritarismo, persecución política, crisis humanitaria y colapso económico.

Aquí no hay diplomacia. Hay propaganda.
Bonilla no habla como representante institucional del Estado mexicano ni como emisaria de una política exterior consensuada. Habla desde una trinchera ideológica personal, pero pretende vestirla de respaldo popular. Esa es la gravedad del asunto: convertir una simpatía política en una supuesta voz del pueblo.

Mientras la comunidad internacional ha documentado violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Venezuela y millones de ciudadanos han huido de ese país, la senadora opta por romantizar un régimen señalado por perpetuarse en el poder mediante prácticas antidemocráticas. Hablar de “agresiones yankees” y “bombardeos” sin contexto jurídico ni sustento factual no es análisis político: es consigna.
La pregunta es inevitable y legítima:
¿Quién autorizó a Raquel Bonilla a hablar por Poza Rica?
¿En qué consulta ciudadana se decidió respaldar a Nicolás Maduro?
¿Desde cuándo una postura personal se convierte, por decreto, en la opinión de todo un pueblo?
Poza Rica es una ciudad plural, crítica y con memoria. Aquí hay ciudadanos que piensan distinto, que cuestionan, que no aceptan que se normalice la defensa de modelos políticos que han producido miseria, censura y exilio masivo. Pretender importar ese fracaso como si fuera una causa noble es, cuando menos, irresponsable.

Que una senadora de la República mexicana aplauda regímenes señalados por la comunidad internacional debería encender alertas, no aplausos. No es solidaridad con los pueblos: es afinidad con el poder autoritario. No es valentía política: es ceguera ideológica.
La historia es implacable.
Cuando caen los dictadores, también quedan expuestos quienes los defendieron desde la comodidad del extranjero.

Y entonces ya no hay discursos que alcancen para deslindarse.
Poza Rica no habló.
México no habló.
Habló Raquel Bonilla.
Y deberá hacerse responsable de sus palabras.
Redacción Reportaje Veracruzano



