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Entre cervezas y nóminas congeladas: el alcalde de Acayucan bajo la lupa por adeudos salariales

Acayucan, Ver.– En política, las formas pesan tanto como los hechos. Y cuando el discurso oficial habla de compromiso social, pero la realidad cotidiana golpea el bolsillo de los trabajadores municipales, la narrativa pública comienza a resquebrajarse.

En Acayucan, empleados de confianza del Ayuntamiento acumulan ya mes y medio, casi dos meses, sin recibir su salario. No se trata de un retraso menor ni de un simple desfase administrativo: para decenas de familias, la falta de pago representa incertidumbre, deudas acumuladas y la angustia diaria de no saber cómo cubrir alimentación, renta, transporte o colegiaturas.

Mientras tanto, el alcalde —a quien en la vox populi llaman “el Soltero Maduro”— ejerce plenamente su derecho personal a la convivencia social. Nada hay de ilegal en que un servidor público comparta una cerveza o disfrute de su tiempo libre. El punto de quiebre no es la bebida, sino el contraste.

La pregunta que resuena en los pasillos del Palacio Municipal no es si el presidente municipal puede tomarse una cerveza. La pregunta es otra: ¿cómo justificar el disfrute personal cuando hay trabajadores que no han cobrado por su labor?

Ser padre de familia implica responsabilidades ineludibles: alimentación, vestido, servicios básicos, gastos escolares. Pero incluso sin hijos propios, cualquier autoridad electa asume una responsabilidad mayor: la de administrar recursos públicos con eficiencia y garantizar el cumplimiento puntual de las obligaciones laborales.

Los empleados de confianza, aunque no estén sindicalizados, también dependen de su salario para sostener hogares. Su trabajo mantiene operativas áreas clave del municipio. Sin ellos, la maquinaria administrativa se detiene.

Hasta el momento no se ha ofrecido una explicación pública clara sobre las causas del retraso en la nómina. ¿Problemas de flujo financiero? ¿Errores administrativos? ¿Prioridades presupuestales mal enfocadas? El silencio institucional solo alimenta el malestar.

En un contexto estatal donde la exigencia ciudadana por gobiernos responsables es cada vez más fuerte, la percepción pública puede convertirse en un costo político elevado. Porque en tiempos de austeridad y dificultades económicas, cada imagen, cada gesto y cada omisión pesan.

La crítica no es contra una cerveza. Es contra la indiferencia aparente frente a trabajadores que esperan lo que por derecho les corresponde.
En Acayucan, la consigna ya no es “¡Salud, señor alcalde!”.

Es: ¿cuándo habrá salud financiera para quienes sostienen el Ayuntamiento?

Redacción Reportaje Veracruzano

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