Lo impensable ya está en los archivos: Epstein, rituales, canibalismo y el abismo moral de las élites

Durante años, ciertas denuncias fueron ridiculizadas, censuradas o arrojadas al basurero de la “teoría conspirativa”. Hoy, parte de ese material ya no está en foros marginales ni en rumores de redes sociales, sino dentro de archivos oficiales del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Los nuevos archivos del caso Jeffrey Epstein, liberados recientemente bajo la Ley de Transparencia de Archivos Epstein, incluyen un volumen escalofriante: más de 2 mil videos y 180 mil imágenes relacionadas con el entramado del financiero acusado de tráfico sexual de menores. Entre ese material aparece un testimonio que, de ser mínimamente veraz, rompe cualquier noción de crimen convencional y nos obliga a mirar hacia un territorio mucho más oscuro.

Sacrificios rituales, bebés descuartizados y canibalismo: lo que dice el documento
El archivo identificado como EFTA00147661 recoge la entrevista del FBI a una presunta víctima que asegura haber sido violada por George H. W. Bush, expresidente de Estados Unidos. En su declaración, la persona afirma haber presenciado, a bordo de un yate propiedad de Epstein, escenas de violencia sexual extrema, ritualizada y cargada de simbolismo.
El relato describe actos sexuales forzados hasta provocar sangrado, mutilaciones realizadas con una cimitarra y, en el punto más perturbador, el presunto descuartizamiento de bebés, a quienes —según el testimonio— se les extraían los intestinos, mientras algunas personas consumían heces como parte del ritual.

No es una escena sacada de una novela grotesca. Es un testimonio incorporado a un archivo oficial, con todas las reservas que eso implica, pero también con todo el peso de haber sido considerado digno de registro por una agencia federal.
La advertencia oficial… y la pregunta incómoda
El propio Departamento de Justicia se apresura a aclarar que el material puede incluir información falsa, manipulada o fraudulenta, ya que todo lo enviado al FBI fue integrado al expediente sin validación previa, en cumplimiento estricto de la ley de transparencia.
Sin embargo, aquí surge la pregunta que incomoda al poder:
Si el material es tan evidentemente falso, ¿por qué durante décadas se sellaron, ocultaron o retrasaron estos archivos?
¿Por qué el miedo a la luz pública, incluso cuando se advierte que el contenido podría no ser verídico?
La transparencia tardía siempre llega cuando el daño ya está hecho… o cuando el silencio ya no puede sostenerse.

Gabriela Rico: cuando la locura de ayer se parece demasiado al expediente de hoy
Con la reapertura de este material, resurge inevitablemente el caso de Gabriela Rico Jiménez, modelo mexicana que en 2009, frente a un hotel de lujo en Monterrey, gritó ante cámaras que había presenciado canibalismo en una fiesta privada de élites.
En su momento fue tratada como desequilibrada, exagerada, descartable. Hoy, su testimonio —aunque jamás probado judicialmente— encaja de forma inquietante con patrones que ahora aparecen, al menos como denuncia, en archivos oficiales estadounidenses.
No prueba nada por sí mismo.
Pero tampoco puede seguir despachándose con una carcajada.
El patrón que nadie quiere nombrar
Aquí es donde la discusión deja de ser morbosa y se vuelve política, estructural y peligrosa:
Denunciantes desacreditados sistemáticamente.
Crímenes sexuales convertidos en “excesos individuales”.
Redes de poder que sobreviven intactas mientras los acusados mueren, se suicidan o desaparecen.
Y una narrativa oficial que siempre pide “prudencia”, pero nunca ofrece verdad completa.
Lo que muestran los archivos Epstein no es una verdad definitiva, pero sí un espejo roto: fragmentos de algo tan oscuro que el sistema prefiere que la sociedad ni siquiera se atreva a preguntar.
La pregunta final
¿Estamos frente a testimonios falsos integrados por error?
¿O frente a la punta de un abismo que durante décadas fue protegido por dinero, poder, miedo y ridiculización?
La historia reciente demuestra algo:
muchas verdades primero fueron llamadas locura, antes de ser llamadas escándalo.
Y esta vez, los documentos ya están fuera de la caja fuerte.
Redacción Reportaje Veracruzano



