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Oscuridad de Favoritismo: Cómo Miles de Millones en Contratos Gubernamentales Alimentaron los Elogios Entusiastas de Salma Hayek a la Élite del Poder

En una escena digna de un guion hollywoodense teñido de clientelismo, Salma Hayek, la actriz nominada al Oscar cuyos lazos familiares con la élite veracruzana han sido durante mucho tiempo fuente de rumores sobre acuerdos privilegiados, ocupó el centro del escenario en el Palacio Nacional el 15 de febrero de 2026. 

Acompañada por la presidenta Claudia Sheinbaum, Hayek no se limitó a respaldar un nuevo programa de incentivos cinematográficos: desató una avalancha de adulación que olía a pago de favores. “Quizá lo que no teníamos era esta presidenta”, declaró, con palabras cargadas de gratitud calculada. Reservó un elogio especial para la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, a quien llamó “gobernadora estrella” por su supuesto apoyo en la búsqueda de locaciones para su último proyecto —un tributo al amor por México, según ella, pero que huele a quid pro quo dada la trayectoria de Nahle al canalizar miles de millones de fondos públicos a parientes de Hayek.

Esto no fue mera adulación de celebridad. Fue una exhibición visceral de cómo el partido gobernante Morena, bajo la bandera de la llamada Cuarta Transformación (4T), perpetúa la misma corrupción que juró erradicar. Los efusivos elogios de Hayek —pronunciados en medio de incentivos fiscales que podrían beneficiarla personalmente— plantean preguntas abrasadoras: ¿es este el precio de la lealtad en el México de Sheinbaum? ¿Y cuán profundas son las raíces del favoritismo cuando una estrella global ve a su familia enriquecerse con miles de millones de fondos públicos supervisados por las mismas autoridades que ahora ensalza?

Los Lazos Familiares que atan: Contratos, Compadres y Corrupción

La conexión de Hayek con Nahle no es casual; es familiar y financiera. La actriz, nacida como Salma Valgarma Hayek Jiménez en Coatzacoalcos, Veracruz, comparte sangre con el clan Quintanilla Hayek —una red de empresarios que ha prosperado bajo la mirada atenta de Nahle. Arturo Quintanilla Hayek, compadre de Nahle desde al menos 2018, es el eje central. Como secretaria de Energía de 2018 a 2024, Nahle dirigió el controvertido proyecto de la refinería Dos Bocas, un despilfarro de 18 mil millones de dólares plagado de retrasos, sobrecostos y auditorías que revelaron irregularidades.

En mayo de 2019, apenas días después de su constitución, Grupo Huerta Madre —ligado a Quintanilla Hayek— obtuvo un contrato por 4 mil 968 millones de pesos (alrededor de 250 millones de dólares en ese momento) para la preparación del terreno en Dos Bocas mediante un proceso de invitación restringida de Pemex. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó anomalías, incluyendo 73.4 millones de pesos en sobreprecios y documentación faltante. Pero eso fue solo la punta del iceberg. Entre 2018 y 2024, empresas vinculadas a los Quintanilla Hayek, como Talleres Portátiles y Comercializadora del Istmo (dirigida por el hijo de Quintanilla), acumularon al menos 593.6 millones de pesos en 19 contratos con Pemex. Gravas del Sureste, propiedad de primos como Jaime y Josué Quintanilla Ayache, sumó otros 305.5 millones para refuerzos portuarios en Oaxaca.

Una red más amplia de 21 empresas, incluidas supuestas factureras y testaferros conectados a la familia de Nahle y sus aliados, amasó más de 6 mil millones de pesos en contratos de Dos Bocas, según investigaciones de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y medios como Excélsior. Nahle ha negado vehementemente cualquier irregularidad, calificando las acusaciones de “mentiras y calumnias” en 2020 e insistiendo en que Quintanilla no tenía participación en Huerta Madre. Sin embargo, registros públicos y auditorías pintan un cuadro condenatorio de opacidad, con inhabilitaciones para firmas relacionadas como Bidcom Energy por irregularidades en contratos con el IMSS.

El padre de Hayek, Sami Hayek Domínguez, ex candidato priista a la alcaldía de Coatzacoalcos en 1997, ha mantenido un perfil bajo, enfocándose en proyectos ambientales. Pero el ascenso de la familia bajo Nahle —ahora gobernadora de Veracruz tras una elección controvertida en 2024 marcada por acusaciones de extorsión mediática— alimenta sospechas. En febrero de 2025, Nahle asistió como madrina a la boda del hijo de Quintanilla, subrayando los lazos personales.

La Actuación en Palacio: Elogios en Medio de Investigaciones

Avancemos al 15 de febrero de 2026: Hayek, en México explorando locaciones para su película sin título, se unió a Sheinbaum para anunciar créditos fiscales de hasta 30% del ISR para proyectos cinematográficos —un giro respecto a los recortes de la administración anterior. Hayek alabó la visión de Sheinbaum, creditándola por permitir filmes que “cuenten nuestra propia narrativa”. Reservó un reconocimiento especial para Nahle, relatando cómo la gobernadora la instó a redescubrir Veracruz: “¿Ni siquiera conoces tu propio estado?”. También mencionó a Mara Lezama de Quintana Roo, pero el grito a Nahle destacó —especialmente en medio de las crisis de seguridad, transporte y educación en Veracruz.

Las redes sociales estallaron. Críticos tildaron a Hayek de “neo-chaira” arrastrándose por contratos, vinculando sus palabras a los beneficios familiares de los Quintanilla. “Qué rabia —no es de extrañar que Hayek regara flores sobre la inútil Sheinbaum y la corrupta Nahle”, fustigó un usuario en X. Sheinbaum la defendió al día siguiente: “Algunos no soportan que se elogie a la presidenta o a México”. Pero la óptica es tóxica: una estrella con una fortuna de 200 millones de dólares y un esposo multimillonario mendigando subsidios públicos mientras su familia se enriquece con dinero del Estado.

Un Núcleo Podrido en la 4T

La gestión de Nahle expone la hipocresía de la 4T. De sus raíces en el PRD a su estrellato en Morena, ha esquivado escándalos —mansiones, investigaciones por robo de combustible fiscal y presiones mediáticas como la supuesta demanda de 200 millones de pesos de Televisa. Las denuncias de la oposición ante la Secretaría de la Función Pública (SFP) languidecen sin acción. Sheinbaum, mientras tanto, cede terreno —ante Trump, ante facciones internas— priorizando concesiones sobre rendición de cuentas.

Los elogios de Hayek en Palacio no son inspiración; son una acusación. Mientras Veracruz lidia con purgas internas de Nahle y problemas sin resolver, y los incentivos de Sheinbaum arriesgan convertirse en otro fondo discrecional, los mexicanos merecen respuestas: ¿quién audita estas alianzas? ¿Por qué prosperan las élites mientras el público paga? Hasta entonces, esta saga no es una película feel-good —es una tragedia de poder sin frenos.

Por Marco Antonio Palmero Alpirez 

 Columna de opinión Reportaje Veracruzano

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