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Velorio bajo fuego en la Barra de Cazones: ráfagas, fuga y un operativo sin detenidos

Cazones de Herrera, Ver.— La muerte volvió a rondar la Barra de Cazones la tarde del martes 24 de febrero de 2026, pero no llegó en silencio. Llegó en ráfagas.

Eran las 17:10 horas cuando la calma salobre de la calle Martín Guerrero Muñoz, a unos metros de la playa y del auditorio municipal, se quebró por el estruendo de armas de fuego. En ese punto se velaba el cuerpo de un presunto sicario —según versiones preliminares— que habría caído días antes en otra balacera registrada en Santiago de la Peña, en Tuxpan.
El ambiente ya era tenso. La escena, vigilada.

Elementos de seguridad resguardaron el área de la balacera.



De acuerdo con testimonios recabados en el lugar, el velorio no estaba solo. Presuntamente, hombres armados custodiaban el sitio, como si la despedida se tratara de un territorio que no podía quedar descubierto. Fue entonces cuando arribaron elementos de seguridad que realizaban una inspección preventiva en la zona.
Lo que siguió ocurrió en segundos.

La balacera

Según las versiones preliminares, al notar la presencia policial, los sujetos armados habrían abierto fuego primero sobre los guardianes del orden en plena vía pública. La respuesta fue inmediata: los elementos repelieron la agresión con ráfagas que hicieron eco entre las viviendas y el viento costero.

Un fuerte operativo se desplegó en el municipio de Cazones, tras el enfrentamiento.



Vecinos hablan de momentos de pánico. De puertas que se cerraron de golpe. De familias que se tiraron al piso mientras las detonaciones rompían la tarde.
La confrontación obligó a solicitar refuerzos. En cuestión de minutos —según fuentes locales— se movilizaron corporaciones desde Tuxpan, Tihuatlán y Poza Rica, configurando un despliegue que evidenció la gravedad del episodio.

La huida

Pero cuando el cerco comenzaba a cerrarse, los presuntos agresores ya se escurrían.
Testigos afirman que los hombres armados huyeron entre brechas con dirección a Playa Azul, aprovechando la geografía conocida por quienes se mueven en la oscuridad. No hubo persecución confirmada que culminara en capturas.

La gente que asistió al funeral del presunto sicario quedó temerosa tras las ráfagas de alto poder que se escucharon afuera del funeral.



En el sitio quedó una camioneta —presuntamente utilizada por los sujetos que resguardaban el velorio— la cual fue asegurada por las autoridades para las diligencias periciales correspondientes. Ese vehículo podría convertirse en una pieza clave… o en otro expediente que se enfríe.

Operativo amplio, resultados inciertos

Tras la balacera se activó un intenso operativo en la región norte de Veracruz, extendiéndose a municipios circunvecinos. Sin embargo, hasta el cierre de esta crónica, no se reportan personas detenidas.

Y ahí es donde la historia deja más preguntas que respuestas.

Porque el episodio no ocurrió en un punto remoto, sino a metros de un recinto público y en una comunidad costera transitada. Porque el velorio —según las versiones— ya estaba bajo vigilancia de civiles armados antes del choque. Y porque, pese al despliegue regional, los agresores lograron desaparecer entre caminos de terracería.

Después de la balacera el auditorio municipal donde velaban al presunto sicario quedó con pocos asistentes.



Lo que queda en el aire

La Barra de Cazones amaneció hoy con más patrullajes y con el murmullo inevitable de la sospecha.

¿Qué tan monitoreado estaba ese velorio?

¿Hubo inteligencia previa sobre la presencia de hombres armados?

¿Y cómo lograron escapar pese al operativo intermunicipal?

Por ahora, la versión oficial habla de una agresión repelida y de un despliegue en curso. Pero en las calles de arena y salitre, donde aún resuena el eco de las detonaciones, la sensación es otra: la de un episodio que, más que cerrarse, apenas comienza a revelar su oscuridad.

Por Marco Antonio Palmero Alpirez
Reportaje Veracruzano

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