VERACRUZ: EL PARAÍSO DE LAS CIFRAS… Y EL INFIERNO DE LAS CALLES

En los informes oficiales, Veracruz presume una reducción cercana al 28% en homicidios dolosos respecto a periodos anteriores. El gobierno federal habla de más de 3,500 detenciones por delitos de alto impacto y el aseguramiento de más de mil armas en el último año. Desde el discurso institucional, los números dibujan un estado en aparente recuperación.
Pero la calle cuenta otra historia.
Solo en los primeros días de enero de 2026 se registraron al menos 14 homicidios dolosos en la entidad, según reportes preliminares. Casos como el feminicidio de una profesora en Agua Dulce o los procesos por homicidio y extorsión en Cardel, Tatahuicapan y el puerto de Veracruz han sacudido la percepción social.
Y los datos de percepción son contundentes: de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), más del 60% de la población adulta se siente insegura en ciudades clave del estado como Veracruz, Xalapa y Coatzacoalcos. En el puerto jarocho, la percepción de inseguridad saltó de poco más del 50% a casi el 70% en apenas un trimestre.
Es decir: las cifras oficiales hablan de reducción; las encuestas revelan miedo creciente.
La gobernadora Rocío Nahle sostiene que Veracruz vivió “su semestre más seguro en una década”, apoyada en los indicadores de homicidio doloso y en la coordinación con fuerzas federales. La Fiscalía, por su parte, presume un aumento en vinculaciones a proceso y sentencias condenatorias por delitos graves.
Pero la seguridad no es una hoja de cálculo. Es una experiencia diaria.
Porque mientras en las estadísticas hay reducción porcentual, en los barrios hay rutinas de supervivencia: comercios que bajan cortinas temprano, familias que limitan salidas nocturnas y ciudadanos que prefieren callar antes que denunciar.
En un estado donde la violencia contra las mujeres lo colocó entre las entidades con mayores registros de feminicidio y extorsión en 2025, el miedo no es percepción abstracta: es vida cotidiana.
Aquí radica la fractura: el gobierno habla en números; la sociedad responde con experiencias. Una tabla dice “-28%”; una colonia dice “no salgas de noche”. Un informe presume 3,500 detenidos; una madre sigue buscando a su hija desaparecida.
La seguridad no se mide solo en homicidios. También se mide en la extorsión que no aparece en la denuncia, en la violencia familiar que se oculta tras las paredes, en la desaparición que nunca llega a sentencia. Y en esos rubros, la percepción social sigue siendo alarmante.
Veracruz vive atrapado entre dos realidades:
La oficial, que presume reducciones porcentuales.
La cotidiana, donde 6 de cada 10 ciudadanos se sienten inseguros.
Y mientras esa brecha no se cierre, cualquier cifra positiva será apenas maquillaje sobre una herida abierta. Porque en este estado, la seguridad no se presume en informes… se mide en la tranquilidad de las calles. Y esa, todavía, sigue en números rojos.
Columna de Opinión Reportaje Veracruzano
Por Marco Antonio Palmero Alpirez



