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Pescado con «sabor» a crudo: El riesgo invisible que llega a las mesas de Veracruz

Especialistas alertan que el lavado de los productos no elimina los químicos absorbidos por los derrames petroleros.

Tras los recientes incidentes ambientales en el litoral veracruzano, la preocupación ha saltado de las playas a los mercados. No es un secreto que el producto marino tiene la capacidad de absorber partículas de hidrocarburos, lo que convierte un alimento saludable en una potencial fuente de intoxicación química si no se revisa con extremo cuidado antes de comprarlo.

Para identificar un ejemplar que estuvo en contacto con manchas de aceite, olvide la revisión tradicional de frescura y enfóquese en lo siguiente: 1. Examen de aroma mineral: El pescado debe oler a salitre y mar. Si detecta un rastro que recuerde al olor de una ferretería, solvente o alquitrán, el animal ha filtrado químicos en su organismo. 2. Efecto tornasol en escamas: Al mover el pez bajo la luz, busque manchas irisadas. Si la piel brilla como un charco de gasolinera, es señal de contacto directo con hidrocarburos. 3. Resistencia de la carne: Los químicos del petróleo degradan las proteínas rápidamente. Si la carne se siente «babosa» o se deshace al tacto sin resistencia, el producto ya no es apto para el consumo.

Reportaje Veracruzano exhorta a la población a evitar el consumo de especies de dudosa procedencia, pues las toxinas del petróleo no desaparecen con el hervor ni con el uso de cítricos, representando un peligro real para el sistema digestivo.

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