“Defender lo indefendible”: Atanasio dispara contra Nahle, pero olvida que el sexenio de Cuitláhuac dejó denuncias, observaciones millonarias y un Veracruz igual o peor

En política, la memoria selectiva suele ser un recurso peligroso. Este martes, Atanasio García Durán, padre del exgobernador Cuitláhuac García Jiménez, salió a defender con vehemencia el legado de su hijo y a cuestionar duramente a la gobernadora Rocío Nahle García, asegurando que el lema “Por amor a Veracruz” no basta y que en el actual gobierno falta visión, conocimiento del estado y rumbo político.
Sin embargo, en esa defensa encendida parece haber un detalle incómodo que Atanasio decidió pasar por alto: el sexenio de Cuitláhuac no salió limpio, ni política ni administrativamente.
Mientras exige que se “demuestre” que su hijo fue uno de los peores gobernadores de Veracruz, el propio Órgano de Fiscalización Superior del Estado (ORFIS) ya confirmó la presentación de denuncias penales por presunto daño patrimonial contra exfuncionarios de esa administración, además de observaciones millonarias en obras emblemáticas de su gobierno.
La auditora general Delia González Cobos informó que ya existen al menos dos denuncias penales relacionadas con recursos manejados en un Instituto Tecnológico Superior y un fideicomiso público, ambos vinculados al sexenio cuitlahuista. Además, en la revisión de la Cuenta Pública 2024, tres proyectos insignia concentran observaciones por más de 241 millones de pesos: el estadio Luis “Pirata” Fuente, el llamado Nido del Halcón y el Aquarium de Veracruz, por presuntos sobrecostos, pagos sin sustento, deficiencias constructivas y falta de documentación.
Tan solo el “Pirata” Fuente acumula un probable daño patrimonial superior a los 160 millones de pesos, una cifra difícil de esconder bajo el discurso de austeridad.
Entonces surge la pregunta inevitable: ¿cómo se defiende con tanto fervor un gobierno que terminó bajo observación fiscal y con expedientes abiertos?
Atanasio insiste en que su hijo redujo deuda, que recibió un estado saqueado por Miguel Ángel Yunes Linares y que incluso fue el gobernador con menor salario. Pero el ciudadano común no mide un gobierno por el sueldo del mandatario, sino por la seguridad, los hospitales, las carreteras, el empleo y la calidad de vida.
Y ahí, la percepción fue devastadora.
Veracruz siguió arrastrando crisis en salud, inseguridad persistente, abandono en infraestructura, conflictos sociales y una creciente sensación de estancamiento. El discurso de la transformación nunca terminó de traducirse en resultados palpables para miles de veracruzanos.
Criticar hoy a Nahle puede ser políticamente rentable dentro de las fracturas de Morena, pero hacerlo desde la defensa absoluta de un sexenio severamente cuestionado raya más en la nostalgia partidista que en la autocrítica responsable.
Porque si el argumento es que “amor por Veracruz” no basta, también habría que aceptar que seis años de gobierno tampoco bastaron.
Y si Atanasio exige pruebas, ahí están los expedientes, las auditorías, las observaciones del ORFIS y las denuncias penales en curso.
En política, defender a un hijo es humano.
Pero defender lo indefendible, eso ya es otra cosa.
Por Marco Antonio Palmero Alpirez
Reportaje Veracruzano



