El turismo abandonado: la ausencia imperdonable de Igor Roji

Por momentos, Veracruz parece gobernarse solo… o peor aún, abandonado a su suerte.
Mientras las costas veracruzanas enfrentaban el impacto de un derrame de hidrocarburos en el Golfo de México —una crisis que golpeó de frente al turismo, a los prestadores de servicios y a la economía local—, el responsable de encarar ese desastre simplemente no estaba. No apareció. No dio la cara. No recorrió las zonas afectadas. No escuchó a nadie.
El secretario de Turismo, Igor Roji, optó por el silencio… y por la ausencia.
Y eso, en política, es más que negligencia: es desprecio.
Porque mientras la gobernadora Rocío Nahle realizaba recorridos, trataba de contener la crisis y proyectar control, su encargado del turismo —el área más golpeada en ese momento— decidió desaparecer del mapa. Ni playas, ni hoteles, ni restauranteros, ni lancheros: nadie lo vio.
¿Dónde estaba el secretario? La percepción es brutal: de vacaciones, ajeno, indiferente.
En plena Semana Santa, cuando Veracruz se juega una de sus temporadas más importantes del año, cuando cada visitante cuenta y cada cancelación pesa, Igor Roji no solo falló en su función: la ignoró por completo. Su ausencia no es un descuido administrativo, es una declaración de incapacidad.
Porque un funcionario de alto nivel no está para la foto cuando todo va bien. Está para dar la cara cuando todo se desmorona.
Y aquí no hubo rostro, no hubo liderazgo, no hubo respuesta.
Lo que sí hubo fue una confirmación dolorosa: el turismo en Veracruz está en manos de un funcionario de aparador. Un perfil decorativo, sin peso, sin reacción y sin compromiso. Un secretario que no da una, pero que tampoco parece interesado en intentarlo.
La pregunta ya no es si Igor Roji falló.
La pregunta es: ¿cuántas crisis más puede permitirse Veracruz con funcionarios que simplemente deciden no estar?

Columna de opinión Reportaje Veracruzano