
Veracruz, Ver.— Aunque la noche del lunes terminó para miles de familias entre velas, calor y desesperación, para muchas colonias de la zona conurbada la mañana de este martes tampoco trajo alivio: el servicio eléctrico sigue sin restablecerse por completo tras el mega apagón que afectó a por lo menos cuatro municipios de la región.
La Comisión Federal de Electricidad (Comisión Federal de Electricidad) confirmó que la falla se originó por la caída de una línea de suministro, provocando una interrupción masiva que dejó sin energía a habitantes de Alvarado, Boca del Río, Veracruz y Medellín de Bravo, en uno de los cortes más severos registrados recientemente en la zona.
Sin embargo, más allá del reporte técnico, la realidad para cientos de ciudadanos sigue siendo la misma: hogares sin ventilación, alimentos en riesgo de echarse a perder, negocios paralizados y una creciente molestia por la falta de certeza sobre cuándo volverá completamente la normalidad.
Colonias como El Coyol, Caballerizas y Los Predios continúan entre las más afectadas, luego de que durante la emergencia nocturna se registrara además el incendio de tres transformadores sobre la avenida J.B. Lobos, un hecho que agravó la crisis y obligó a una intensa movilización de cuerpos de emergencia.
Elementos de Protección Civil y Bomberos trabajaron durante la noche para sofocar el fuego y evitar una tragedia mayor, mientras que desde las primeras horas de este martes cuadrillas de la CFE comenzaron labores de reparación en distintos puntos.
No obstante, el panorama no es alentador. De acuerdo con estimaciones preliminares, la sustitución de los transformadores dañados podría tardar entre dos y tres días, lo que significa que varias familias podrían permanecer sin electricidad durante buena parte de la semana.
El apagón también reabre una discusión recurrente en la región: la fragilidad de la infraestructura eléctrica frente a fallas mayores y la capacidad de respuesta ante emergencias que impactan directamente la vida cotidiana de miles de personas.
Porque cuando la luz se va, no sólo se apagan focos; también se detienen rutinas, ingresos y tranquilidad. Y mientras las cuadrillas trabajan entre cables quemados y transformadores colapsados, la paciencia ciudadana también comienza a agotarse.
Redacción Reportaje Veracruzano



