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Muere Antonio “El Diablo” Vázquez, figura polémica de la seguridad pública en Veracruz

Xalapa, Ver.— Antonio Vázquez González, conocido en círculos policiales como “El Diablo” y también identificado con la clave “1002”, falleció el pasado 8 de abril a los 70 años, presuntamente por causas naturales, según versiones cercanas a su entorno.

Su muerte cierra un capítulo complejo dentro de la historia reciente de la seguridad pública en Veracruz, donde su figura transitó entre el reconocimiento operativo y la controversia por los contextos en los que ejerció funciones.

Vázquez González se desempeñó como coordinador e inspector en la extinta Policía Intermunicipal Veracruz–Boca del Río (PIVB), una corporación que operó en una de las etapas más críticas en materia de violencia en la entidad. Durante su paso por la institución, trabajó bajo distintos mandos y formó parte de estructuras policiales que enfrentaron el avance del crimen organizado en la región.

Diversos testimonios lo describen como un mando de carácter fuerte, con reputación de eficacia en labores de investigación, aunque su trayectoria también estuvo rodeada de versiones no confirmadas sobre vínculos indirectos o cercanía con actores políticos y figuras de poder en el estado.

De acuerdo con relatos difundidos en ámbitos periodísticos y de seguridad, Vázquez habría fungido como elemento de confianza o seguridad personal de figuras públicas en distintas etapas, lo que contribuyó a la construcción de su perfil como operador con acceso a círculos de influencia. No obstante, estas versiones no han sido plenamente documentadas en registros oficiales.

Su carrera se desarrolló en paralelo al crecimiento de organizaciones criminales como Los Zetas, particularmente durante los años en que este grupo consolidó su presencia en Veracruz. En ese contexto, su nombre fue asociado en narrativas locales como un actor que se movía dentro de un entorno de alta tensión entre fuerzas del orden y estructuras delictivas.

Un episodio que marcó su vida personal ocurrió en 2009, cuando familiares cercanos fueron víctimas de un ataque atribuido a una célula criminal. Años después, en 2015, otro hecho violento golpeó a su entorno familiar, profundizando —según versiones— un proceso de deterioro emocional y retiro progresivo de la vida pública.

En sus últimos años, se reporta que continuó colaborando de forma discreta como agente confidencial en áreas de investigación, alejado del protagonismo que caracterizó etapas anteriores de su carrera.

Antonio Vázquez vivió durante años en el puerto de Veracruz, donde construyó una trayectoria marcada por claroscuros: reconocimientos internos, señalamientos persistentes y una presencia constante en momentos clave de la seguridad regional.

Su fallecimiento ocurre en un contexto donde Veracruz sigue enfrentando desafíos estructurales en materia de seguridad, y donde figuras como la suya reflejan la complejidad de una época en la que las fronteras entre autoridad, poder político y crimen organizado fueron, en ocasiones, difíciles de delinear.

Redacción Reportaje Veracruzano

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