
Xalapa, Ver.— En un mensaje cargado de simbolismo histórico y firmeza política, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo colocó a Veracruz en el centro de la identidad nacional: no solo como punto de encuentro, sino como bastión de resistencia.
Durante la conmemoración del 112 aniversario de la Gesta Heroica de la Defensa del Puerto de Veracruz de 1914, la mandataria dejó claro que el acto va más allá de un ritual cívico. Es, dijo, un compromiso permanente que marcará la vida de quienes hoy portan el uniforme naval.
Frente a autoridades civiles y militares, Sheinbaum habló directo a los cadetes: ser parte de la Marina no es una distinción pasajera, sino una responsabilidad que se manifiesta en cada decisión, en cada acto, especialmente cuando la nación los necesita.
Recordó que fue en este mismo puerto donde México ha resistido momentos cruciales de su historia. Desde la consolidación de la independencia en 1825, hasta la defensa de la República bajo el liderazgo de Benito Juárez, Veracruz ha sido escenario donde la soberanía no se negocia.
Al evocar abril de 1914, la presidenta reconstruyó un episodio marcado por la tensión internacional y la fragilidad interna: el país estaba bajo el régimen de Victoriano Huerta, tras el asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez. En ese contexto, la invasión extranjera encontró respuesta no en la superioridad militar, sino en la convicción de un pueblo.
La jefa del Ejecutivo resaltó nombres que quedaron inscritos en la memoria nacional: el cadete Virgilio Uribe y el teniente José Azueta, símbolos de una generación que, sin ventajas materiales, defendió la patria con dignidad.
El mensaje fue claro y sin matices: la soberanía no es un concepto abstracto ni un recuerdo del pasado, es una tarea diaria. Y en ese sentido, Sheinbaum delineó la postura de México frente al mundo: cooperación, diálogo y respeto, pero sin renunciar a su carácter de nación libre e independiente.
“La dignidad de México no se rinde”, enfatizó, al tiempo que subrayó que el verdadero sostén del país está en su gente, en sus principios y en la formación de quienes integran las fuerzas armadas.
En la recta final de su discurso, la presidenta apeló a la fibra más profunda de los cadetes: el amor a la patria como motor superior a cualquier interés. Les pidió honrar no solo el uniforme, sino la palabra, la vocación y el legado de quienes dieron su vida por México.
El cierre fue contundente, casi como un eco de los momentos más intensos de la historia nacional: un llamado a la lealtad, al honor y a la disciplina, pero también a la sensibilidad. Porque, en palabras de la propia mandataria, México no solo necesita fuerza, sino corazón.
Redacción Reportaje Veracruzano



