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VERACRUZ: SER MÉDICO YA ES UNA CONDENA — DOS ASESINATOS EN 20 DÍAS EXPONEN EL COLAPSO DE LA SEGURIDAD

En apenas 20 días, dos médicos han sido asesinados de forma violenta en Veracruz. No es coincidencia. No es un hecho aislado. Es una señal clara de que ejercer la medicina en el estado se ha convertido en una actividad de alto riesgo, atrapada entre el crimen y la descomposición institucional.

El primer caso sacudió Poza Rica el pasado 1 de abril. José Antolín Montero Alpírez, exdirector del Hospital Regional, fue localizado sin vida en un predio de la colonia Revolución. Atado de pies y manos, con signos de violencia extrema y ejecutado con un disparo final. Un crimen brutal que, hasta hoy, sigue sin detenidos ni explicaciones convincentes.

El segundo golpe llegó apenas ayer, 20 de abril de 2026, en la autopista México–Tuxpan. La doctora Bertha, reconocida profesionista en la región, fue abatida a tiros dentro de su camioneta durante un operativo de la Secretaría de Seguridad Pública estatal que, lejos de resultados, dejó una estela de indignación.

Las versiones que emergen apuntan a una confusión fatal: los verdaderos objetivos —presuntos delincuentes armados— lograron escapar. Ella no. Murió en el lugar. Su acompañante sobrevivió, herida, y hoy su testimonio podría ser clave para determinar si hubo uso indebido de la fuerza.

El contraste es devastador y expone una falla estructural: en Veracruz, ni la ley ni las balas están llegando a quien deberían.

Dos médicos muertos en menos de tres semanas. Dos escenarios distintos. Un mismo fondo: la fragilidad absoluta de la seguridad.

Porque hoy el gremio médico no solo enfrenta hospitales sin insumos, presión laboral o cambios administrativos. Ahora también enfrenta algo más crudo: el riesgo de morir.

Morir en manos del crimen. O morir en medio de operativos fallidos.

Mientras tanto, el silencio institucional pesa. La Secretaría de Seguridad Pública no ha ofrecido una explicación detallada sobre el uso de la fuerza en Tuxpan. La Fiscalía avanza, pero sin resultados visibles. Y la narrativa oficial sigue apostando a la contención del daño, no a la rendición de cuentas.

La gobernadora Rocío Nahle queda en el centro de una presión creciente: dos homicidios de alto impacto en el sector salud en menos de un mes no pueden tratarse como incidentes desconectados.
Son advertencias.

Advertencias de que la violencia en Veracruz ya no distingue batas blancas. Advertencias de que la estrategia de seguridad no está protegiendo a los ciudadanos. Advertencias de que el Estado está llegando tarde… o no está llegando.

Hoy la pregunta no es solo quién mató a los médicos.
La pregunta es más grave:

¿Quién va a impedir que el próximo sea otro?

Redacción Reportaje Veracruzano

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