
En un país marcado por la tragedia de las desapariciones, donde miles de familias recorren morgues, fiscalías, carreteras y fosas clandestinas buscando respuestas, un joven mexicano decidió enfrentar el horror desde un terreno poco común: la tecnología.
Su nombre es Jesús Alejandro Jiménez López, creador de “Encuéntrame 72”, una plataforma basada en reconocimiento facial diseñada para localizar personas desaparecidas durante las primeras horas posteriores a su ausencia, consideradas críticas para aumentar las probabilidades de encontrarlas con vida.
La idea no nació en un laboratorio gubernamental ni en una gran empresa tecnológica. Surgió del dolor.
Todo comenzó tras la desaparición de un amigo cercano, un hecho que llevó al joven desarrollador a cuestionar la lentitud institucional y las enormes limitaciones que enfrentan las familias mexicanas al momento de buscar a un ser querido.
Así comenzó el desarrollo de una herramienta que busca acelerar los procesos de identificación mediante inteligencia artificial y análisis biométrico facial, permitiendo comparar imágenes en tiempo real y generar coincidencias potenciales durante las primeras 72 horas, el periodo más importante en cualquier protocolo de búsqueda.
En México, donde la crisis de desapariciones se ha convertido en una herida nacional, el potencial de un sistema de esta naturaleza resulta enorme.
Colectivos de búsqueda, organizaciones civiles y expertos en derechos humanos han insistido durante años en que las primeras horas son decisivas. Sin embargo, la burocracia, la falta de coordinación institucional y las deficiencias tecnológicas suelen retrasar las acciones inmediatas.
“Encuéntrame 72” intenta atacar precisamente ese vacío.
El proyecto ha comenzado a llamar la atención fuera del país debido a su capacidad de adaptación a distintos contextos internacionales relacionados con desapariciones, trata de personas, extravío de menores y crisis migratorias.
Paradójicamente, mientras en el extranjero observan el desarrollo mexicano como una posible innovación de alto impacto social, dentro del país la difusión y el respaldo institucional han sido limitados.
La situación abre nuevamente el debate sobre cómo México frecuentemente ignora o minimiza proyectos científicos y tecnológicos creados por jóvenes nacionales, incluso cuando están orientados a enfrentar algunas de las crisis más dolorosas del país.
Más allá del desarrollo tecnológico, el caso también refleja otra realidad: ante la insuficiencia del Estado, son ciudadanos, colectivos y jóvenes quienes muchas veces terminan creando herramientas para intentar resolver problemas que las instituciones no han logrado contener.
En un México donde las cifras de desapariciones continúan creciendo y miles de familias siguen buscando a sus seres queridos con sus propios recursos, iniciativas como “Encuéntrame 72” muestran que la innovación también puede convertirse en una forma de resistencia humana.
La gran pregunta ahora es si el país permitirá que este tipo de proyectos crezcan… o si quedarán atrapados, una vez más, entre la indiferencia, la burocracia y el olvido.
Redacción Reportaje Veracruzano



