VERACRUZ: LA GUERRA ENTRE LOS SOBREVIVIENTES DEL PODER; CUANDO LOS ACUSADOS SE CONVIERTEN EN JUECES

La política veracruzana volvió a exhibir una de sus caras más desgastadas: la confrontación entre personajes que durante años formaron parte del mismo sistema hoy se transforma en un espectáculo público de señalamientos, fracturas internas y guerra abierta por el control político.
Esta vez, el diputado federal y ex titular de la Secretaría de Educación de Veracruz, Zenyazen Escobar García, abrió fuego político contra el ex secretario de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros Burgos, conocido popularmente como “Bola 8”, reactivando una confrontación que refleja algo más profundo: la feroz lucha interna por espacios de poder dentro del grupo político dominante.
Pero la verdadera pregunta no es quién tiene razón.
La pregunta es: ¿con qué autoridad moral se acusan entre sí quienes fueron parte del mismo aparato gubernamental?
Durante su paso por la Secretaría de Educación, Zenyazen Escobar enfrentó múltiples críticas, cuestionamientos y acusaciones públicas sobre presuntas irregularidades administrativas, señalamientos relacionados con asignación de plazas, manejo de recursos y decisiones internas que generaron inconformidad en distintos sectores educativos. Aunque muchas acusaciones permanecen en el terreno político y mediático, la percepción pública sobre su gestión continúa siendo motivo de debate.
Ahora, convertido en legislador federal, sus detractores cuestionan si su prioridad debería ser profundizar confrontaciones políticas o presentar resultados tangibles desde San Lázaro.
Del otro lado aparece Eric Cisneros Burgos, uno de los personajes más polémicos que ha pasado por la política reciente veracruzana. Durante su gestión como secretario de Gobierno acumuló fama de operador duro, confrontativo y autoritario. Diversos actores políticos, alcaldes y opositores señalaron durante años presiones políticas, conflictos internos y formas agresivas de ejercer poder, aunque muchos episodios quedaron atrapados entre versiones políticas y disputas partidistas.
Lo que hoy ocurre parece menos una discusión ideológica y más una batalla entre grupos que alguna vez caminaron juntos.
La confrontación además escaló cuando Zenyazen también lanzó críticas hacia el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, Esteban Bautista, así como contra el senador Manuel Huerta, ampliando un conflicto que comienza a parecer una estrategia permanente de choque político.
Mientras esto sucede, Veracruz enfrenta problemas mucho más urgentes: violencia, crisis económica regional, deterioro institucional, rezagos educativos, infraestructura abandonada y ciudadanos cada vez más cansados de observar cómo buena parte de la clase política continúa enfocada en disputas internas.
Porque cuando los protagonistas de ayer se convierten en acusadores del presente, inevitablemente aparece una duda incómoda:
Si hoy denuncian lo que ayer toleraron… ¿quién estaba equivocado entonces?
Y más importante aún:
¿Quién está trabajando realmente para Veracruz?



