Dorheny Cayetano: el silencio del poder ante una denuncia que incomoda

Xalapa, Veracruz.— En política, los silencios también hablan. Y cuando una legisladora que alguna vez ocupó un lugar privilegiado en el tablero del poder deja de encontrar voces dispuestas a salir en su defensa, la ausencia comienza a convertirse en un mensaje.
El caso de Dorheny García Cayetano, diputada local por Xalapa, abrió una nueva grieta alrededor de su figura política luego de que un excolaborador, identificado como Pepe Flores, hiciera público un señalamiento relacionado con la presunta retención de parte de su salario durante el periodo en que trabajó en su oficina del Congreso de Veracruz.
De acuerdo con la denuncia difundida por el excolaborador, se le habría exigido entregar alrededor de 15 mil pesos de su percepción mensual, mientras que él recibiría una gratificación de aproximadamente 5 mil pesos. El fotógrafo responsabilizó públicamente a la legisladora de cualquier eventual represalia.
Se trata de un señalamiento serio. Pero también de uno que, hasta ahora, requiere ser investigado y acreditado por las instancias correspondientes antes de convertirlo en una conclusión definitiva.
Lo políticamente relevante, sin embargo, está ocurriendo en otro terreno.
El vacío alrededor de la diputada
En otras circunstancias, una acusación de esta naturaleza habría provocado una reacción inmediata de aliados, operadores y dirigentes. Habría comunicados, deslindes, explicaciones, respaldos o, al menos, una defensa política.
Esta vez, el escenario parece distinto.
No se observa una defensa pública contundente de la gobernadora Rocío Nahle, ni de su círculo político más cercano. Tampoco se conoce, hasta el momento, una respuesta capaz de cerrar la controversia por parte de la propia legisladora.
Y cuando nadie sale a apagar el incendio, la pregunta inevitable es: ¿se trata simplemente de una decisión de prudencia política o de una señal de que Dorheny Cayetano ya no ocupa el mismo lugar dentro de la estructura del poder?
La respuesta puede ser incómoda.
Durante el gobierno de Cuitláhuac García, Dorheny García Cayetano tuvo una presencia política considerable. Su paso por posiciones relevantes dentro de la administración estatal y posteriormente por el Congreso la colocó durante años en una zona de influencia que pocos podían ignorar.
Hoy, ese escenario parece haber cambiado.
“Hay que revisar de dónde vienen esos temas”
El dirigente estatal de Morena fue cuestionado sobre la polémica durante una gira por la sierra de Zongolica.
Su respuesta no fue una defensa.
“No voy a entrar en esa cuestión, hay que revisar de dónde vienen esos temas”.
Una frase breve, aparentemente neutral, pero políticamente reveladora.
Porque en el lenguaje del poder, no defender también es tomar distancia.
No significa que el dirigente haya condenado a la legisladora. Tampoco que haya dado por cierta la denuncia. Pero sí evidencia que, frente a una controversia que podría tener consecuencias políticas, optó por no colocar el capital político del partido detrás de la diputada.
Y eso, en una organización política donde el respaldo público puede ser tan importante como el voto, difícilmente pasa inadvertido.
¿Guerra sucia o ajuste de cuentas?
La otra hipótesis también está sobre la mesa.
Dorheny Cayetano tiene aspiraciones políticas y el horizonte electoral de 2027 comienza a modificar los intereses de quienes ya se encuentran moviendo sus piezas.
Por ello, tampoco puede descartarse que los señalamientos formen parte de una disputa política, una estrategia para desgastar su imagen o una eventual guerra sucia.
Pero aquí aparece una pregunta todavía más incómoda:
¿Por qué una acusación de esta magnitud encuentra tan poco respaldo político alrededor de la legisladora?
Si se tratara exclusivamente de una operación para golpearla, cabría esperar una reacción defensiva más clara de sus aliados.
No necesariamente ocurrió así.
Y esa ausencia constituye, por sí misma, un dato político que merece ser observado.
Las señales del poder
La política veracruzana está entrando anticipadamente en territorio electoral. Los grupos comienzan a medir fuerzas, las lealtades se reacomodan y los antiguos cercanos pueden convertirse en incómodos competidores.
En ese contexto, el caso Dorheny no debería reducirse únicamente a una denuncia laboral o administrativa.
Hay una historia política detrás.
La verdadera pregunta no es solamente si los señalamientos de Pepe Flores tienen sustento. Eso corresponde determinarlo mediante una investigación formal y con derecho de audiencia para todas las partes.
La pregunta política es otra:
¿Dónde están hoy los respaldos que antes rodeaban a Dorheny García Cayetano?
Porque el poder no siempre abandona a alguien mediante un comunicado.
A veces lo hace con algo mucho más silencioso:
dejando de contestar el teléfono.
Y en política, cuando comienzan a desaparecer los respaldos, las fotografías con los poderosos, las defensas públicas y las puertas que antes se abrían con facilidad, no necesariamente significa que alguien haya perdido todo su poder.
Pero sí significa que algo cambió.
Y si Dorheny Cayetano pretende volver a competir por un cargo de elección popular en 2027, tendrá que responder no solamente ante sus adversarios, sino ante una pregunta mucho más elemental:
¿Puede reconstruir una fuerza política propia ahora que el paraguas del viejo cuitlahuismo parece haber dejado de cubrirla?
Por ahora, más que las palabras, están hablando los silencios.
Y esos silencios, en política, rara vez son casualidad.



