“El Oaxaco” se fue a la Guelaguetza en camioneta oficial: gasolina, casetas y erario veracruzano pagaron su fiesta natal

Mientras el personal del Centro de Evaluación de la FGE aguanta acoso, caprichos y quejas sin resolver, René Castellanos Díaz dejó sus dos autos particulares en el estacionamiento y se fue a Oaxaca con recursos públicos. ¿Hasta cuándo?
Xalapa, Ver.- No es un rumor de pasillo. Es una denuncia colectiva de 25 trabajadores y trabajadoras del Centro de Evaluación y Control de Confianza de la Fiscalía General del Estado de Veracruz que, por temor a represalias, guardan sus nombres en reserva. El blanco es uno solo: René Castellanos Díaz, el oaxaqueño al que todos conocen como “El Oaxaco”, titular de esa área estratégica desde julio de 2023.
La última proeza del personaje, según la carta enviada a esta redacción, ocurrió hace apenas días. Mientras en Xalapa el personal seguía cumpliendo sus labores en el inmueble de Xalapeños Ilustres casi esquina con Landero y Coss, Castellanos Díaz se subió a un vehículo oficial, cargó gasolina y casetas con cargo al erario estatal y se fue a disfrutar la Guelaguetza 2026 en su tierra natal. Sus dos automóviles particulares quedaron tranquilamente estacionados en las instalaciones del Centro. El mensaje es cristalino: el patrimonio público es, para él, un bien de uso personal.
Pero el viaje a la fiesta oaxaqueña no es un episodio aislado. Es la cereza de un pastel que, según los denunciantes, lleva años pudriéndose. Castellanos Díaz es descrito por quienes trabajan bajo su mando como un narcisista de “galán de rancho” que piropea a las mujeres que se cruzan en su camino. Varias han tenido que soportar esos “abusos de toda índole”, algunos de los cuales, afirman, rozan o caen de lleno en el acoso laboral. Quienes se niegan a sus caprichos, aseguran, terminan convertidos en blanco de hostigamiento.
El perfil que dibujan es demoledor: un sujeto maquiavélico que presume un curso de coaching como si fuera un título de nobleza, pero que, según quienes lo escuchan hablar, demuestra un profundo desconocimiento de sus responsabilidades jurídicas y laborales. Estudió Derecho en una “escuela patito”, dicen. Su trayectoria, agregan, es la del típico acomodaticio que aprendió a moverse con quien llegue al poder, sin importar el color del partido. Alguna vez, según la misma versión, estuvo ligado a Genaro García Luna. Luego nadó por las cloacas hasta arribar a la fiscalía veracruzana en tiempos de Morena, formando parte de la oleada de oaxaqueños que, desde la gestión de la exfiscal Verónica Hernández Giadans, colonizaron el Centro de Evaluación hasta convertirlo, en palabras de los propios trabajadores, en “una colonia oaxaqueña”.
Las quejas formales no faltan. Acoso a subalternas, hostigamiento laboral, presuntos malos manejos de recursos, bienes y del parque vehicular. Varias de esas denuncias, aseguran los firmantes anónimos, ya están presentadas ante los órganos internos de control… y siguen pendientes de resolución. El cambio de fiscal general, con la llegada de Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, generó la esperanza de que “El Oaxaco” fuera removido. No ocurrió. Sigue tan campante.
La pregunta que lanza el personal es tan simple como demoledora: ¿quién protege a René Castellanos Díaz? ¿Por qué un funcionario acusado de usar el erario para irse de fiesta a su estado, de acosar a mujeres y de ejercer un poder discrecional e impune permanece al frente de un área que debería ser ejemplo de control de confianza y ética pública?
La Fiscalía General del Estado de Veracruz tiene ahora dos caminos: ordenar una auditoría profunda, exhaustiva e inmediata al Centro de Evaluación y Control de Confianza, o seguir mirando hacia otro lado mientras el erario veracruzano sigue financiando las escapadas de “El Oaxaco” y el personal —especialmente las mujeres— sigue aguantando en silencio por miedo a perder el empleo.
El silencio institucional ya no es neutral. Es cómplice.
¿Hasta cuándo?
Redacción Reportaje Veracruzano



