Veracruz, territorio en disputa: la guerra fragmentada entre cuatro estructuras criminales

CJNG, Grupo Sombra, Cártel del Golfo y Cártel del Noreste forman parte de un mapa criminal marcado por escisiones, disputas territoriales y economías ilícitas. La relación histórica entre Sombra y el Golfo revela que las fronteras entre organizaciones no siempre son tan claras como parecen.
VERACRUZ.— Veracruz enfrenta una disputa criminal que difícilmente puede explicarse como una confrontación entre dos organizaciones. El mapa de seguridad de la entidad muestra la presencia y confrontación de distintas estructuras, entre ellas el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cártel del Golfo, el Cártel del Noreste y el Grupo Sombra o Mafia Veracruzana.
Pero detrás de esos nombres existe una historia mucho más compleja.
El caso del Grupo Sombra resulta particularmente revelador: su origen está vinculado con la fragmentación del Cártel del Golfo y con antiguos integrantes de Los Zetas. Con el paso de los años, la organización desarrolló una estructura propia y extendió su influencia por el norte de Veracruz y la región huasteca. Investigaciones periodísticas han documentado también su presencia en zonas de Hidalgo, San Luis Potosí y otras entidades.
Es decir, Grupo Sombra no puede entenderse simplemente como un grupo aislado del resto del mapa criminal.
Su historia forma parte precisamente del proceso que convirtió a los grandes cárteles mexicanos en una constelación de células, escisiones y organizaciones regionales.
Del Golfo nació una parte de la nueva geografía criminal
Durante años, el Cártel del Golfo mantuvo una posición dominante en buena parte del noreste del país. Su ruptura con Los Zetas modificó radicalmente el equilibrio criminal.
Después llegaron nuevas fracturas.
De ese proceso surgieron organizaciones con identidad propia, entre ellas el Grupo Sombra en la región huasteca.
En 2017 las autoridades veracruzanas ya identificaban a integrantes de Grupo Sombra como parte del denominado brazo del Cártel del Golfo, a quienes atribuían delitos como secuestro, extorsión y homicidio.
Años después, la organización dejó de ser descrita únicamente como una célula subordinada.
Su evolución apunta hacia una estructura con capacidad territorial propia.
Esa transformación es fundamental para entender el actual escenario.
El Grupo Sombra puede tener raíces en el Golfo sin que eso signifique que actualmente todos sus operadores respondan a una misma cadena de mando.
Las organizaciones criminales no funcionan necesariamente como empresas con organigramas permanentes. Las alianzas cambian, los mandos son detenidos o asesinados y las células sobreviven bajo nuevos nombres.
La Huasteca: una frontera criminal
La presencia histórica de Grupo Sombra en el norte de Veracruz y la Huasteca es uno de los elementos que más claramente muestran que el fenómeno criminal rebasa las fronteras administrativas.
Investigaciones han ubicado a esta organización en Veracruz, Hidalgo y San Luis Potosí.
La importancia de esta región no es casual.
Se trata de un corredor que conecta el Golfo de México con el centro y noreste del país, atravesado por carreteras, rutas comerciales, infraestructura energética y municipios con actividades agrícolas, ganaderas y petroleras.
Controlar el territorio significa mucho más que controlar el tráfico de drogas.
Significa tener capacidad para imponer cuotas, controlar determinadas actividades económicas, vigilar caminos y obtener información sobre quién entra y quién sale.
Ahí aparece uno de los negocios que más preocupa a las autoridades y a la población: la extorsión.
El crimen también se alimenta de la economía local
Los hechos registrados durante 2025 mostraron hasta qué punto la disputa criminal puede afectar actividades aparentemente ajenas al narcotráfico.
El secuestro y asesinato de la taxista y maestra jubilada Irma Hernández Cruz en Álamo Temapache expuso la presión ejercida contra el transporte mediante el cobro de piso. La Fiscalía de Veracruz informó posteriormente sobre detenciones relacionadas con el secuestro.
La violencia también alcanzó a sectores productivos.
En el norte del estado, productores y comerciantes han denunciado presiones y extorsiones, mientras investigaciones periodísticas han descrito una disputa territorial entre Grupo Sombra y el CJNG.
El conflicto, por tanto, no se reduce a quién vende droga.
La disputa es por el territorio y por las rentas económicas que pueden extraerse de él.
CJNG: el otro gran competidor
El Cártel Jalisco Nueva Generación representa uno de los principales rivales de Grupo Sombra en distintas regiones de Veracruz.
Investigaciones periodísticas han documentado enfrentamientos entre ambas organizaciones desde hace varios años.
La confrontación tiene una lógica territorial.
Una organización que intenta ampliar su presencia hacia una zona controlada por otra genera inevitablemente una reacción.
Y Veracruz posee suficientes corredores estratégicos para convertir esa expansión en una disputa permanente.
El resultado puede observarse en ataques, amenazas, desapariciones, homicidios y mensajes dirigidos contra grupos rivales.
El Cártel del Noreste completa el tablero
La presencia del Cártel del Noreste agrega otra variable.
Su historia también está relacionada con la fragmentación del antiguo universo de Los Zetas y del Cártel del Golfo.
Por eso, el mapa actual no puede entenderse como una simple sucesión de cárteles independientes.
Existe una genealogía criminal:
Golfo → ruptura con Los Zetas → fragmentación → nuevas organizaciones regionales → nuevas alianzas y guerras.
Grupo Sombra es una de las expresiones más visibles de ese proceso en Veracruz.
Estados Unidos elevó la presión
El escenario adquirió una dimensión internacional después de que Estados Unidos designara como organizaciones terroristas extranjeras a varias estructuras criminales mexicanas.
La lista estadounidense incluye al Cártel Jalisco Nueva Generación, Cártel del Golfo y Cártel del Noreste, entre otros.
Grupo Sombra no aparece como una organización independiente en esa designación.
Pero eso no significa que deba desaparecer del análisis.
Al contrario: si el objetivo es comprender la seguridad de Veracruz, excluirlo sería ignorar una de las estructuras regionales que más claramente aparece en investigaciones sobre el norte y otras zonas del estado.
La precisión jurídica y el análisis criminal son dos cosas diferentes.
Una organización puede no estar incluida en una lista estadounidense y, aun así, representar una amenaza significativa dentro de México.
Las acusaciones contra el gobierno deben probarse
En este contexto también han surgido acusaciones contra administraciones estatales.
El periodista Ricardo Ravelo publicó recientemente un trabajo en el que atribuye a fuentes relacionadas con la DEA información sobre una disputa criminal en Veracruz y plantea señalamientos sobre presunta protección oficial a determinadas redes.
Esos señalamientos deben ser investigados.
Pero una investigación periodística rigurosa también exige separar acusaciones, inteligencia, testimonios y hechos judicialmente acreditados.
No existe base suficiente para afirmar como hecho probado que la gobernadora Rocío Nahle proteja personalmente al crimen organizado.
Sí existe, en cambio, una razón legítima para preguntar:
¿Por qué determinadas estructuras criminales consiguen sobrevivir, expandirse y penetrar economías locales pese a los operativos y detenciones?
La pregunta no implica culpabilidad.
Implica exigir respuestas.
El caso Roxana Guzmán vuelve a colocar la pregunta sobre la mesa
El asesinato de la periodista Roxana Guzmán en el sur de Veracruz representa uno de los episodios más graves de este año.
La Fiscalía vinculó a presuntos integrantes de Grupo Sombra con el crimen y detuvo también a policías municipales acusados de proporcionar apoyo logístico a la célula criminal.
El caso resulta relevante no porque permita concluir que todo el aparato estatal está infiltrado, sino porque demuestra algo mucho más concreto:
hay investigaciones judiciales en las que presuntos integrantes de una organización criminal aparecen relacionados con servidores públicos.
Eso obliga a investigar hasta dónde llega la red.
Y, sobre todo, si se trata de hechos aislados o de un patrón.
Un mapa que no termina en Veracruz
La expansión de Grupo Sombra hacia la Huasteca y su presencia histórica en Veracruz, Hidalgo y San Luis Potosí muestran que las fronteras estatales tienen poca utilidad para comprender el fenómeno.
Las organizaciones criminales no necesitan permiso para cruzarlas.
Tampoco necesitan conservar para siempre el mismo nombre.
Lo que permanece es el negocio.
Drogas.
Extorsión.
Secuestro.
Combustible robado.
Control territorial.
Lavado de dinero.
Y, por encima de todo, la capacidad de imponer miedo.
La verdadera pregunta
La discusión sobre Veracruz no debería limitarse a determinar cuál de los cuatro grupos es «el más poderoso».
La pregunta de fondo es otra:
¿Cómo lograron estas estructuras construir redes capaces de sobrevivir a detenciones, operativos y cambios de gobierno?
Grupo Sombra ofrece una pista.
Una organización que nació de una fractura del Cártel del Golfo terminó construyendo una identidad propia y expandiendo su presencia territorial.
El Golfo, el CJNG y el Cártel del Noreste representan otras piezas del mismo rompecabezas.
Y esa fragmentación puede ser más peligrosa que un solo cártel dominante.
Porque cuando existe un único jefe, existe una sola estructura que combatir.
Cuando existen células, escisiones, alianzas cambiantes y operadores locales, la guerra contra el crimen se vuelve mucho más difícil.
Veracruz no parece enfrentar únicamente una guerra entre cárteles.
Enfrenta algo más complejo:
la transformación del crimen organizado en un sistema de poderes criminales regionales que compiten, se fragmentan, se alían y vuelven a enfrentarse por el control de un territorio estratégico.
Ese es el verdadero mapa que las autoridades mexicanas y estadounidenses tienen todavía pendiente de descifrar.
Redacción Reportaje Veracruzano



