UN MILITAR SEMIENTERRADO, UNA TORMENTA QUE REVELA EL HORROR Y UN SILENCIO OFICIAL QUE ATRUENA: CAZONES BAJO SOSPECHA

Cazones de Herrera, Ver.— La tormenta de la madrugada no solo derribó árboles ni inundó caminos: destapó un crimen, arrancando de la tierra el secreto que alguien intentó ocultar a golpes, machetazos y tierra suelta. A las 08:30 horas de este sábado, en un lote baldío de la comunidad de Rancho Nuevo, emergió el cuerpo semi enterrado de un soldado mexicano, exhibiendo una brutalidad que ningún comunicado oficial ha logrado —o querido— explicar.
Ahí, donde solo el viento circula, Sedena, Policía Estatal, Policía Municipal y Guardia Nacional llegaron convocadas por el reporte de un bulto humano que la tormenta dejó al descubierto. Lo que encontraron no fue un accidente ni una muerte fortuita: fue la escena de un crimen primitivo y feroz.

El cadáver, sin impactos de bala, pero con heridas cortantes profundas, signos evidentes de violencia y golpes, yacía bajo unos centímetros de tierra dentro de lo que, a todas luces, era una fosa clandestina improvisada. Un intento torpe y desesperado de ocultar un asesinato.
La identidad que intentaron sepultar
Horas más tarde, cuando ya el sigilo institucional se hacía notar, se confirmó la identidad:
José Felipe Maldonado Pérez, 23 años, originario de la misma comunidad y elemento activo del 51 Batallón de Infantería con sede en Ciudad Cuauhtémoc.
Había salido la tarde anterior “a caminar”, según versiones iniciales —otras indican que se dirigió a una cantina cercana—. Jamás regresó.
Fue su propio hermano, Dante Alfonso Maldonado Pérez, quien, desesperado, terminó llamando al 911 tras encontrar lo que a simple vista parecía un montículo removido… y debajo, el cuerpo de José Felipe. Ninguna autoridad llegó antes que la familia a reconocer la tragedia.
Un crimen arrastrado por el terreno
En distintas partes del predio se localizaron manchas de sangre formando un rastro, como un sendero siniestro que sugiere que el cuerpo fue arrastrado antes de ser cubierto. No se trató de una ejecución rápida, sino de un ataque brutal con arma blanca —presuntamente machete—, seguido de una maniobra torpe para ocultar el cadáver.
La tierra removida, mezclada con la lluvia, terminó por traicionar a los responsables.

Hermetismo absoluto: la marca registrada
La Fiscalía General del Estado, Policía Ministerial y Periciales arribaron solo para acordonar, fotografiar, levantar y trasladar el cuerpo al SEMEFO de Poza Rica.
Ninguna versión oficial. Ninguna línea de investigación revelada. Ningún dato sobre móviles.
Lo único que se filtra —extraoficialmente— es el nombre de un presunto responsable:
Óscar “N”, quien habría huido en una motocicleta verde con amarillo.
Nada más.
El silencio que indigna
En un municipio marcado por la violencia reciente y por un historial de impunidad que se respira entre sus calles rurales, el asesinato de un soldado activo, semienterrado como si fuera un estorbo, debería haber detonado una operación de Estado.
Pero lo que domina es el mutismo institucional, como si la vida de un militar, asesinado dentro de su propia comunidad, fuera un dato menor.
Cazones vuelve a temblar
Mientras el caso permanece “en proceso”, las autoridades se limitan a vigilar la zona.
La comunidad, en cambio, está sacudida: ¿cómo es posible que un elemento del Ejército haya sido asesinado a machetazos en su propio pueblo y sepultado casi en superficie sin que nadie viera, oyera o dijera nada?
La tormenta reveló el cuerpo.
El tiempo revelará —o encubrirá— a los responsables.
Por ahora, Cazones vuelve a ser territorio donde la tierra habla más que las instituciones.
Redacción Reportaje Veracruzano



