CoatzintlaCorrupciónEcosistemaPoza RicaVeracruz Norte

¿TECNOLOGÍA DE PUNTA O PROMESAS DE PAPEL? VECINOS DE ESCOLÍN ACUSAN QUE MOTA-ENGIL LES “DIO ATOLE CON EL DEDO”

La promesa de empleos y desarrollo volvió a chocar de frente con el fantasma del riesgo industrial en la zona norte de Veracruz

La reunión convocada por representantes de Mota-Engil para explicar los alcances de la futura planta de fertilizantes en los terrenos del extinto Complejo Petroquímico Escolín terminó dejando más preguntas que respuestas y una sensación de incertidumbre que se extendió entre los habitantes de las colonias vecinas.

La empresa habló de «tecnología de punta», «protocolos internacionales» y «sistemas de seguridad avanzados» capaces de minimizar cualquier contingencia derivada del manejo de sustancias consideradas de alta peligrosidad. Sin embargo, para una parte importante de los asistentes, el discurso corporativo no logró disipar los temores ni responder con precisión a los escenarios que más preocupan a las familias.

La frase que más se repitió al salir del encuentro fue contundente: «Nos dieron atole con el dedo».

Los vecinos aseguran que las explicaciones técnicas fueron insuficientes para despejar dudas sobre posibles fugas, emisiones, accidentes industriales o protocolos de evacuación en caso de emergencia.

La inquietud no es menor. Las colonias División de Oriente, 5 de Mayo Vieja, Allende, Ampliación Allende, así como López Mateos, La Laja y Coralillos, se encuentran dentro del radio de influencia del proyecto y serían las primeras en enfrentar cualquier eventualidad operativa.

El dilema divide incluso a quienes reconocen el potencial económico de la inversión. Nadie discute la necesidad de empleos ni la urgencia de reactivar una región golpeada durante décadas por el declive petrolero. Lo que sí se discute es si el desarrollo debe construirse sobre la base de la confianza ciega o sobre información transparente y verificable.

Porque en Veracruz existe memoria

La tragedia de ANAVERSA en Córdoba permanece como una advertencia histórica sobre los riesgos de subestimar instalaciones que manejan materiales peligrosos. Aquel desastre químico dejó miles de afectados, evacuaciones masivas y secuelas sanitarias que continúan siendo objeto de denuncias y estudios décadas después. Aunque los contextos tecnológicos y regulatorios son distintos, el recuerdo sigue alimentando la exigencia ciudadana de no repetir errores del pasado.

Entre los asistentes también prevalece una percepción difícil de ignorar: que el respaldo político y federal al proyecto convierte cualquier intento de detenerlo en una batalla prácticamente perdida antes de comenzar.

Pero si algo quedó claro tras la reunión es que la discusión apenas inicia.

Los habitantes no están pidiendo cancelar inversiones ni cerrar la puerta al desarrollo industrial. Lo que exigen es algo mucho más elemental: estudios de impacto ambiental públicos, protocolos de emergencia claros, simulacros, mecanismos de supervisión independientes y acceso permanente a la información técnica del proyecto.

Porque cuando se trata de instalaciones que operarán con sustancias peligrosas, la confianza no se decreta desde un estrado ni se construye con presentaciones de diapositivas.

Se gana con transparencia.

Y en Escolín, para muchos vecinos, esa confianza todavía está muy lejos de existir.

Redacción Reportaje Veracruzano

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba