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¡QUEMAN GRANJA AGROPECUARIA FAJA DE ORO EN ÁLAMO!

Velador desaparecido y autoridades en silencio: la violencia citricola no da tregua bajo el gobierno de Pepe Arenas

Álamo Temapache, Ver., 9 de agosto de 2026.— Otra madrugada de terror. Otra fuente de empleo reducida a cenizas. Y un hombre que no aparece.

Alrededor de las 6:00 horas de este domingo, un grupo de sujetos aún no identificados prendió fuego a las instalaciones de la Granja Agropecuaria Faja de Oro (AFO), en la zona de Temapache. El incendio consumió una parte sustancial de las instalaciones. Lo que hasta el sábado era trabajo para familias de la región, este domingo es un montón de escombros humeantes.

Pero el dato que eleva el hecho de un atentado económico a una posible tragedia humana es contundente: vecinos aseguran que el velador del lugar se encuentra en calidad de no localizado. Nadie lo ha visto. Nadie confirma si logró salir, si fue retenido o si algo peor ocurrió. Hasta el cierre de esta edición, no existe información oficial sobre su paradero ni sobre las circunstancias exactas del incendio.

La pregunta es inevitable y duele: ¿cuántas veces más tendrá que arder Álamo para que las autoridades reaccionen con algo más que comunicados tardíos o silencio cómplice?

La zona citricola del norte de Veracruz acumula una larga lista de agresiones, quemas, extorsiones y hechos de violencia que se repiten con una regularidad alarmante. Esta vez no se trata de un predio abandonado ni de un conflicto “entre particulares” que se pueda barrer debajo de la mesa. Se trata de una granja en operación, de empleo formal y de un trabajador que, según los vecinos, simplemente desapareció en medio del fuego.

¿Dónde está el velador?
¿Quién ordenó o permitió que un grupo armado o no identificado operara con total impunidad a las seis de la mañana en territorio municipal?
¿Qué acciones concretas ha desplegado la administración de Pepe Arenas para frenar la espiral de violencia que ya no es “coyuntural” sino estructural en Álamo Temapache?

Mientras las autoridades no ofrezcan respuestas claras, verificables y de inmediato —investigación, búsqueda del trabajador, identificación de los responsables y protección real a la actividad productiva—, el mensaje que se envía es demoledor: en esta región se puede quemar una granja, hacer desaparecer a un vigilante y seguir como si nada.

La violencia no es un fenómeno abstracto. Tiene rostros, tiene cenizas y, ahora, tiene un nombre en calidad de no localizado. Cada hora que pasa sin información oficial no es burocracia: es abandono. Y el abandono, en un municipio que ya conoce demasiado bien el miedo, se parece peligrosamente a la impunidad.

Álamo arde. Otra vez. Y la pregunta que nadie en el poder parece querer contestar sigue en el aire, más pesada que el humo: ¿hasta cuándo?

Redacción Reportaje Veracruzano

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