ANDY LÓPEZ BELTRÁN aterriza en Veracruz en vuelo privado, en sigilo absoluto y con dirigencia sometida: la sombra del hijo presidencial vuelve a operar sin dar la cara

Una visita hermética, un círculo cerrado y un mensaje claro: el poder se ejerce desde arriba, sin transparencia, sin controles y sin respeto a la militancia.
Veracruz vivió nuevamente la visita furtiva de Andy López Beltrán, operador político presidencial e hijo del mandatario federal, quien llegó al estado en vuelo particular, sin agenda pública, sin informar a la militancia y evitando —como ya es su sello— cualquier contacto con la prensa o con la base ciudadana.
La estructura estatal de Morena fue convocada a una reunión a puerta cerrada, blindada y diseñada para que nadie fuera más allá de lo permitido: escuchar, asentir y retirarse.
Ni fotos, ni prensa, ni interacción abierta.
Solo la línea política dictada desde la cúpula.
La dirigencia estatal, relegada al rincón
La escena, difundida —irónicamente— por el propio dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, mostró algo más revelador que cualquier comunicado:
- Esteban no pudo tomarse una foto a solas con Andy López.
- Los dirigentes de menor rango ni siquiera se acercaron.
- El presidium estuvo reservado exclusivamente para el círculo íntimo del visitante.
- La dirigencia estatal fue enviada a sentarse “con la plebe”, en palabras de quienes asistieron.
Ese trato, lejos de inadvertido, exhibe la jerarquía real dentro de Morena: la estructura oficial del partido es un decorado; la línea se dicta desde figuras sin cargo público, sin responsabilidad institucional y sin rendir cuentas a nadie.
¿Por qué Andy viene a escondidas?
Cada vez que el hijo del presidente visita Veracruz, lo hace como operador en las sombras, sin conferencia de prensa, sin explicar el motivo de su presencia y sin permitir observación alguna sobre su actividad política.
La pregunta inevitable es:
¿Qué se está negociando en privado que no puede sostenerse en público?
Porque la opacidad no es una forma de seguridad: es una forma de control.
Y la clandestinidad no es estilo: es método.
Una operación política sin transparencia
Los asistentes describieron la reunión como una instrucción vertical disfrazada de encuentro partidista. Nada se consultó. Nada se deliberó. Nada se discutió.
Se repartieron líneas.
Se marcaron prioridades.
Se tomaron definiciones de las cuales la base militante quedó completamente excluida.
Veracruz no merece operadores clandestinos
No se requiere difamar a nadie para exhibir lo evidente:
un operador que viene en secreto, se mueve en secreto y decide en secreto, opera como si el estado fuera una extensión privada del poder presidencial.
Y eso es, por sí mismo, profundamente antidemocrático.
Lo que ocurrió en Veracruz no es anecdótico; es un síntoma:
un partido que presume cercanía con el pueblo, pero que toma decisiones en habitaciones cerradas, con visitantes que aterrizan en jets privados y que no rinden cuentas a nadie.
La línea quedó marcada
Andy López Beltrán vino, ordenó, se fotografió con quien quiso, excluyó a quien quiso y se marchó del mismo modo que llegó: sin dar la cara.
Y lo más grave no es cómo llegó, sino cómo se comporta la dirigencia estatal:
callada, sumisa y celebrando su propio desplazamiento.
Veracruz merece mucho más que operadores en la sombra.
Merece claridad, transparencia y decisiones tomadas de frente, no dictadas desde la comodidad de un vuelo privado y una sala cerrada.
Redacción Reportaje Veracruzano



