Veracruz cultiva oro, pero bebe café barato: el saqueo silencioso contra los cafetaleros

Xalapa, Ver. — México produce uno de los mejores cafés del mundo, pero los mexicanos están tomando café extranjero de baja calidad sin saberlo. Mientras el café veracruzano conquista mercados internacionales, en las mesas del país se sirve café de Vietnam, Indonesia, Brasil y Colombia. La paradoja raya en el absurdo… y en el fraude.
Así lo denunció Cirilo Elotlán Díaz, integrante del Consejo Regional del Café, durante una protesta realizada este lunes en plaza Lerdo, donde cafetaleros alzaron la voz contra lo que califican como un desplazamiento sistemático del café mexicano por importaciones masivas.
El problema no es menor: México produce alrededor de 3 millones 900 mil sacos de café al año. El consumo nacional es de 3 millones 350 mil. En teoría, debería sobrar café mexicano. Sin embargo, el país importa 3 millones 250 mil sacos adicionales.
La pregunta es demoledora:
¿De dónde sale entonces el café que tomamos los mexicanos?
La respuesta, según los productores, es clara: de otros países, pero vendido como si fuera mexicano.
Café extranjero, etiqueta nacional
Elotlán Díaz advirtió que gran parte del café importado se comercializa bajo marcas que lo presentan como “café mexicano”, desplazando al grano nacional de excelencia.
El resultado es que, en los supermercados, los consumidores compran café de otros países, de calidad inferior, mientras el café veracruzano se exporta.
La ironía es brutal: Veracruz produce calidad mundial, pero en casa se consume café barato.
La única excepción, dijo, son muchas cafeterías, donde sí se ofrece café veracruzano, garantizando origen y calidad. En los anaqueles comerciales, en cambio, el engaño es cotidiano.
El negocio de la rapiña
A este despojo se suma otro: el de las grandes comercializadoras. Los cafetaleros acusan a corporativos como Agroindustrias Unidas de México (AMSA), Cafés California, Nestlé, entre otros, de imponer precios castigados a los productores.
En Veracruz, destacan empresas como AMSA, Café
Merino, La Laja y Café Tomari.
El ejemplo es contundente:
La Bolsa cerró en 355 dólares las cien libras. Sin embargo, tras descuentos y “costos del comercializador”, el precio que llega al productor cae drásticamente.
En lugar de pagarles 20.50 pesos por kilo de café cereza, se los pagan en 17 pesos.
La diferencia —3 a 3.5 pesos por kilo— es calificada por los productores como un saqueo directo al campo. El año pasado, el recorte era todavía peor: de 5 a 8 pesos por kilo.
No es mercado: es asimetría de poder.
Un sector en riesgo de extinción
Hoy quedan alrededor de 50 mil productores de café en Veracruz. Cada año son menos. La superficie cultivada se compacta. Los jóvenes abandonan el campo. Los márgenes se achican.
Si no hay intervención de los gobiernos federal y estatal, advierten, la cafeticultura veracruzana camina hacia la extinción.
Por eso, la exigencia es clara: que se promueva el consumo de café veracruzano en México y se frene la invasión de café importado disfrazado de nacional.
Veracruz no necesita limosnas. Necesita justicia.
Porque no es normal que quien cultiva uno de los mejores cafés del planeta termine bebiendo el peor.
Redacción Reportaje Veracruzano



