PROVEEDORES “TODÓLOGOS” Y DINERO SIN CONTROL: EL LABERINTO DE CONTRATOS QUE RODEA AL EJÉRCITO

Lo que debería ser un sistema rígido, transparente y especializado en el manejo de recursos públicos, hoy se exhibe como un mercado sin reglas claras. Una investigación periodística de Latinus destapa una realidad incómoda: empresas que venden de todo… y sin importar qué.
Bolsas de hielo, productos de limpieza, maquinaria para fabricar armamento, renta de ambulancias, harina, químicos, manteca de cerdo. Todo cabe en el mismo catálogo, siempre que el cliente sea el Ejército.
El análisis de más de 300 contratos correspondientes a 2025 revela un patrón inquietante: proveedores que cambian de giro como si cambiaran de camisa, sin que eso represente obstáculo alguno para recibir millones de pesos del erario.
Ahí está el caso de María del Rosario Martínez García, quien no solo suministró herramientas y químicos, sino también 900 kilos de manteca de cerdo —presuntamente destinada a la fabricación de proyectiles— acumulando ingresos superiores a los 4 millones de pesos en un solo año.
O la empresa AJ Trade, creada originalmente para la administración de inmuebles, que ahora tiene facultades para diseñar y fabricar maquinaria relacionada con armamento y municiones. Un salto tan abrupto como preocupante.
Más grave aún: HGW Process and Solutions. Ampliaron su objeto social en 2024 para vender sistemas contra incendios. Meses después, recibieron contratos millonarios. ¿El detalle? Ya habían sido sancionados por incumplimientos. Aun así, en 2025 acumularon 17 contratos por 35 millones de pesos. Y según informes internos, ni siquiera cumplieron con las entregas.
Pero el problema no es aislado. La propia Dirección de Industria Militar concentró 130 contratos —más de 230 millones de pesos— en apenas 19 empresas y dos personas físicas. Un círculo cerrado donde los mismos nombres aparecen una y otra vez.
Y los “todólogos” abundan:
Didactic City vende acero, maquinaria, básculas, sillas de ruedas… y hasta uniformes a otra dependencia federal.
Comercializadora mexicana GC2 surte desde papel de baño hasta varillas al Ejército, mientras al IMSS le vende focos.
René Carlos Aguilar ofrece limpieza, hielo y agua… pero también renta ambulancias y computadoras, cobrando millones por obras públicas.
El absurdo alcanza otro nivel cuando entra en escena el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, que entregó 38 millones de pesos a una empresa previamente sancionada por la propia Sedena, y otros 30 millones a una firma bajo investigación de la Auditoría Superior de la Federación.
Y mientras el dinero fluye, los controles parecen evaporarse.
Un informe interno revela que varias empresas ni siquiera habían cumplido con lo contratado… y aun así siguieron recibiendo contratos. Sin consecuencias. Sin freno. Sin explicación.
Aquí no se trata de errores administrativos. Se trata de un sistema donde la especialización no importa, donde los antecedentes negativos no pesan y donde el dinero público circula como si no tuviera dueño.
Porque al final, la pregunta ya no es quién vende hielo o quién fabrica maquinaria.
La pregunta es mucho más incómoda:
¿Quién está permitiendo que esto ocurra?
¿Y quién va a rendir cuentas cuando el desorden deje de ser invisible?
Redacción Reportaje Veracruzano



