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CINISMO INSTITUCIONAL EN ORIZABA: TRAS CURSO DE “DERECHOS HUMANOS”, FUNCIONARIOS PISOTEAN LA SOLIDARIDAD Y LE NIEGAN AYUDA A UN BEBÉ

Orizaba, Veracruz.— La contradicción es brutal, casi grotesca. Apenas hace unos días, el Ayuntamiento de Orizaba presumía haber impartido un curso de “derechos humanos” a su personal de Comercio. Hoy, esa misma área es señalada por actuar con frialdad, prepotencia y una alarmante falta de humanidad al impedir una actividad destinada a salvar la vida de un bebé.

Sí, un bebé.

Alan Josimar Ortiz González, padre del pequeño Maverick —quien requiere una cirugía a corazón abierto—, intentó hacer lo que cualquier padre desesperado haría: buscar ayuda. Organizó una jornada solidaria en el parque Apolinar Castillo, con cortes de cabello a cambio de cooperación voluntaria. Nada ilegal, nada violento, nada que justificara una intervención autoritaria.

Pero en Orizaba, al parecer, la empatía no está en el reglamento.

Personal de Comercio llegó para frenar la actividad. Sin matices. Sin sensibilidad. Sin humanidad. La escena raya en lo indignante: funcionarios recién “capacitados” en derechos humanos actuando como si la compasión fuera opcional y no un principio básico del servicio público.

¿De qué sirvió entonces ese curso?

¿Fue solo simulación?

¿Una foto más para boletines y propaganda?

Desplazado del espacio público, el padre encontró apoyo donde el gobierno falló: un comercio local le permitió continuar dentro de su propiedad, sin invadir la vía pública ni afectar a terceros. Es decir, la sociedad civil resolviendo lo que la autoridad bloquea.
Pero el agravio no terminó ahí.

Ortiz González denuncia que fue canalizado con el director de Comercio, quien —lejos de ofrecer soluciones— habría actuado con prepotencia e incluso le impuso condiciones absurdas para dialogar, como dejar su teléfono celular fuera. Una exigencia que levanta sospechas y que, en un contexto de desesperación y transparencia, resulta no solo innecesaria, sino intimidante.

Mientras tanto, el tiempo médico sigue corriendo.

La jornada tenía además un componente ambiental: el cabello recolectado sería donado, a través de un club de motociclistas, para apoyar en labores derivadas del derrame de hidrocarburo en el Golfo de México. Es decir, una causa doblemente altruista: salvar una vida y ayudar al entorno.

Y aun así, fue bloqueada.

“Es triste que en mi propia ciudad es donde más puertas se me han cerrado”, declaró el padre. Y su frase resuena como un golpe seco contra el discurso oficial de un municipio que presume orden, pero que hoy exhibe una preocupante ausencia de criterio humano.

Aquí no hay ambigüedades:
un padre pidió ayuda,
un gobierno respondió con trabas.

Y lo hizo, además, después de capacitarse en derechos humanos.

Eso no es ignorancia.

Eso es simulación.

La pregunta ya no es si hubo un error administrativo. La pregunta es mucho más grave:

¿Quién en el Ayuntamiento de Orizaba decidió que cumplir el reglamento vale más que salvar una vida?

¿Y cuántos más tendrán que enfrentar esa misma muralla de indiferencia antes de que alguien entienda que gobernar también es ser humano?

Redacción Reportaje Veracruzano

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