POZA RICA: CRIMEN BRUTAL, ESTADO AUSENTE… 24 HORAS DESPUÉS, LA IMPUNIDAD SIGUE GOBERNANDO

Poza Rica, Veracruz.— Aquí no falló el tiempo. Falló el Estado.
Han transcurrido más de 24 horas desde que el cuerpo del médico José Antolín Montero Alpírez fue encontrado a las 10:30 de la mañana del miércoles en un terreno baldío de la colonia Revolución. Atado. Torturado. Ejecutado. Y en ese mismo lapso, lo único que ha quedado claro es la dimensión del vacío institucional: no hay detenidos, no hay resultados, no hay respuestas.
Lo que sí hay es un patrón. Un libreto que se repite con una precisión escalofriante: primero la desaparición —ocurrida, según versiones preliminares, un día antes en la colonia Chapultepec—, luego el silencio operativo, después el hallazgo del cuerpo y finalmente el despliegue tardío que simula control donde ya se perdió todo.

Porque sí, hubo tiempo. Tiempo para activar protocolos reales, para rastrear, para cercar, para intervenir. Incluso se habla de un rescate pagado. Es decir, no solo hubo margen de reacción… hubo señales claras de un delito en curso. Y aun así, nadie llegó.
La escena posterior fue impecable… para la fotografía. Elementos de la Policía Municipal, Estatal, Secretaría de Marina; perímetros amplios, cintas, unidades, presencia visible. Un kilómetro acordonado para resguardar lo que ya no se pudo salvar. La coreografía perfecta del fracaso: mucho uniforme después, cero eficacia antes.

Y mientras el cuerpo era levantado por peritos y trasladado al Semefo, la ciudad recibía otro mensaje brutal: aquí se puede secuestrar, torturar y ejecutar sin consecuencias inmediatas.
La Fiscalía General del Estado abrió una carpeta. Otra más. Un expediente que inicia con ruido mediático y corre el riesgo de diluirse en el archivo muerto de la impunidad estructural. Porque en Veracruz, investigar no es sinónimo de resolver, y abrir casos no implica cerrarlos con justicia.

La pregunta es directa y no admite evasivas: ¿qué están haciendo las corporaciones de seguridad con todo su presupuesto, su despliegue y su discurso de coordinación?
Porque no se trata de percepción, se trata de hechos: más de 24 horas sin un solo responsable presentado. Más de 24 horas en las que el rastro se enfría, las pistas se erosionan y los responsables ganan ventaja.
Más de 24 horas en las que la autoridad confirma, con su inacción, que el crimen organizado opera con una libertad que ya no necesita esconderse.
Este no es solo un homicidio. Es un punto de quiebre que exhibe la fragilidad total del sistema de seguridad.
Un médico, una figura conocida, con arraigo, fue levantado, sometido a violencia extrema y asesinado.
Si eso ocurre con ese nivel de exposición… ¿qué puede esperar cualquier ciudadano?

Aquí no hay lugar para eufemismos: la incapacidad institucional ya no es un error, es una constante. Y cuando la constante es la falla, la consecuencia es clara: la impunidad deja de ser excepción y se convierte en norma.
Poza Rica no está enfrentando un episodio de violencia. Está atrapada en un ecosistema donde el crimen actúa con ventaja y la autoridad reacciona sin impacto.

Hoy el nombre es José Antolín Montero Alpírez.
Mañana será otro.
Y si en las próximas horas no hay resultados reales —no discursos, no operativos de simulación—, lo que quedará confirmado no es solo la brutalidad del crimen… sino la profunda incapacidad del Estado para enfrentarlo.
Por Marco Antonio Palmero Alpírez
Reportaje Veracruzano



