POZA RICA: SECUESTRAN, TORTURAN Y EJECUTAN A MÉDICO… Y LAS AUTORIDADES SIGUEN SIENDO INEPTAS E INSERVIBLES

Poza Rica, Veracruz.– La ciudad se desangra y el Estado no responde. La mañana de este miércoles fue localizado el cuerpo sin vida del doctor JOSÉ ANTOLÍN MONTERO ALPÍREZ, abandonado en un terreno baldío de la colonia Revolución. Atado, torturado, silenciado. Un crimen que no solo arrebata una vida: desnuda, otra vez, la absoluta incapacidad de las instituciones encargadas de protegerla.
De acuerdo con versiones extraoficiales, el médico había sido privado de su libertad un día antes. Es decir: hubo tiempo. Tiempo para reaccionar. Tiempo para buscar. Tiempo para impedir lo que terminó ocurriendo. Pero en Poza Rica, ese tiempo se pierde entre la burocracia, la simulación y la ineptitud, incluso se pagó el rescate.
El hallazgo detonó una movilización aparatosa, como siempre ocurre después de la tragedia. Patrullas, uniformes, cintas amarillas, protocolos tardíos. El espectáculo de la reacción, no de la prevención. Porque aquí la seguridad pública no existe como estrategia, sino como escenografía.
¿Dónde estaba la Policía Municipal cuando se cometía este crimen? ¿Qué hace realmente su director además de administrar la inercia? ¿Para qué sirve una corporación que llega siempre después, que no anticipa, que no protege, que no disuade? La respuesta parece clara: para nada, el dinero se tira a la basura.
¿Y la Policía Estatal? Sumida en la misma lógica de simulación, patrullando sin inteligencia, sin resultados, sin control territorial. Una presencia que no intimida al crimen, pero sí incomoda a la ciudadanía honesta.
La SEDENA, la Marina y la Guardia Nacional —con todo su despliegue, su presupuesto y su narrativa de “contención”— tampoco logran frenar el horror cotidiano. Su presencia, lejos de ser garantía de paz, se ha convertido en una postal repetida que ya no genera confianza, sino frustración.
Y en el centro de este fracaso estructural, las fiscalías: la del estado y la federal. Carpetas que se empolvan, investigaciones que no avanzan, culpables que nunca aparecen. La impunidad como política no escrita. La justicia como promesa vacía.
Hoy, un médico fue secuestrado, torturado y asesinado. Mañana será otro nombre, otra familia, otra historia rota. Y mientras tanto, las autoridades seguirán administrando el desastre con comunicados tibios, cifras maquilladas y discursos que insultan la inteligencia colectiva.
Poza Rica no necesita más patrullas para la foto. Necesita resultados. Necesita inteligencia. Necesita voluntad real. Porque lo que está en juego ya no es solo la seguridad… es la dignidad de toda una ciudad que ha sido abandonada a su suerte.
Por: Marco Antonio Palmero Alpirez
Reportaje Veracruzano



