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Albazo en el PAN Veracruz: cierran la puerta a la militancia y desatan rebelión interna

Mientras el discurso opositor del Partido Acción Nacional insiste en defender la democracia, en Veracruz ocurrió exactamente lo contrario. En una maniobra que ya genera indignación entre cuadros panistas, el Comité Ejecutivo Nacional y el grupo político encabezado por Jorge Romero y Enrique Cambranis consumaron un movimiento que deja fuera de la elección interna a más de 27 mil militantes veracruzanos.

La decisión cayó como un auténtico albazo político.
A través de una convocatoria emitida prácticamente al filo de la medianoche del pasado 21 de mayo, la dirigencia nacional definió que la renovación del Comité Directivo Estatal para el periodo 2026-2027 no será mediante voto abierto de la militancia, sino por un método extraordinario controlado únicamente por el Consejo Estatal.



En otras palabras: la base panista no podrá votar.
La medida ha comenzado a ser vista dentro del propio panismo como un ensayo de control político impulsado por Jorge Romero, dirigente nacional señalado por sus adversarios internos de buscar perpetuarse en el poder mediante estructuras cerradas, reproduciendo prácticas que históricamente el PAN criticó al PRI y a Morena.

La convocatoria, emitida con carácter de “urgente resolución”, sostiene que ya se cumplieron los requisitos estatutarios para que la elección quede en manos del Consejo Estatal. Sin embargo, el momento elegido para publicarla encendió aún más las sospechas.

El documento fue liberado justo antes del fin de semana, reduciendo prácticamente al mínimo el margen para inconformidades legales. Militantes inconformes tendrían apenas tres días para impugnar ante tribunales electorales, plazo que vence este domingo 24 de mayo.

Dentro del PAN veracruzano, la lectura es demoledora: evitar una consulta abierta porque existe un profundo descontento contra la dirigencia nacional y estatal.
La molestia crece especialmente entre sectores que acusan al partido de haber abandonado su papel de oposición real, sumido en omisiones, acuerdos cupulares y una desconexión absoluta con la militancia territorial.

En medio de esa crisis aparece nuevamente el nombre de Enrique Cambranis, figura histórica del panismo veracruzano, señalado recurrentemente por mantenerse vigente mediante posiciones plurinominales pese a no encabezar victorias electorales relevantes. Pero ahora las críticas van más allá: dentro del partido ya circula la versión de que el control interno podría abrir paso incluso a la llegada de su hijo, Gilberto Cambranis, a la dirigencia estatal.
Para muchos panistas, eso representaría el colapso definitivo de la democracia interna.

La pregunta que comienza a resonar en los pasillos azules es cada vez más incómoda: ¿por qué tanta prisa en cerrar la elección? ¿Qué urgencia justificaba impedir una consulta abierta a la militancia?
La respuesta que dan los grupos inconformes es contundente: el temor a perder el control político del partido.

En Veracruz, donde el PAN enfrenta una de sus etapas más débiles electoralmente, la percepción de imposiciones, acuerdos de élite y reparto de candidaturas amenaza con profundizar todavía más la fractura interna.

Mientras públicamente se convoca a ciudadanos a participar y sumarse al partido, puertas adentro la militancia denuncia que las decisiones ya están tomadas desde las cúpulas.

Y en ese escenario, lo que alguna vez fue un partido que presumía procesos democráticos internos, hoy enfrenta acusaciones de operar exactamente bajo las mismas prácticas que juró combatir.

Redacción Reportaje Veracruzano

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