Ajedrez PolíticoCoatzintlaVeracruz Norte

COATZINTLA EN CRISIS: NI LOS ACARREADOS NI LA “CABALLERÍA PESADA” LOGRAN OCULTAR EL DESGASTE DE JORGE ALANÍS

La violencia le explotó en las manos al gobierno municipal de Coatzintla y el golpe político ya comenzó a sentirse dentro y fuera del ayuntamiento. Lo que en un principio intentó manejarse como un episodio aislado de inseguridad terminó exhibiendo el nivel de fragilidad política y operativa que enfrenta la administración del alcalde Jorge Alanís, cuya popularidad comienza a desplomarse en medio del creciente hartazgo ciudadano.

Los recientes hechos violentos registrados en la comunidad de Palmasola no solo provocaron operativos estatales y federales de alto impacto; también encendieron las alarmas dentro del propio círculo político morenista, donde operadores regionales y figuras de peso tuvieron que intervenir de emergencia para contener el desgaste mediático y evitar que la crisis terminara por arrastrar políticamente al presidente municipal.

En los pasillos políticos el mensaje fue claro: “se le movió el tapete” a Jorge Alanís.
Y no es para menos.

La percepción de inseguridad en el municipio ha ido creciendo mientras la ciudadanía comienza a cuestionar abiertamente la capacidad de reacción del gobierno local. El temor social, la tensión acumulada y la sensación de ausencia de resultados han comenzado a erosionar la narrativa oficial que intentaba proyectar estabilidad y control.

Por eso no pasó desapercibida la repentina movilización política realizada en el Centro Social Coatzinteco, donde Morena reunió a más de mil 500 personas en un evento presentado como “asamblea informativa”. Aunque desde el discurso institucional se habló de unidad y fortalecimiento de la Cuarta Transformación, entre amplios sectores de la población la lectura fue distinta: un intento desesperado por demostrar músculo político en uno de los momentos más delicados para la administración municipal.

Porque mientras el municipio atraviesa una crisis de seguridad que mantiene en alerta a la población, el gobierno local parece más preocupado por llenar auditorios que por responder a las exigencias de resultados concretos.

La presencia del dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, así como de la senadora Raquel Bonilla y diversos operadores regionales, dejó entrever que el evento no fue una simple reunión partidista. Fue una operación política de contención.

Una fotografía cuidadosamente diseñada para enviar el mensaje de que Jorge Alanís no está solo.
Sin embargo, detrás de los aplausos, las porras y la narrativa de respaldo absoluto, comienza a crecer un fenómeno que preocupa dentro del propio movimiento: el desgaste acelerado de la figura del alcalde entre ciudadanos que hoy reclaman mayor seguridad, resultados visibles y una administración menos enfocada en el espectáculo político.

En Coatzintla ya hay voces que cuestionan si la multitud reunida realmente representó apoyo genuino o si se trató de una movilización sostenida por estructuras partidistas y operadores territoriales. La percepción de eventos “inflados” mediante acarreo comienza a convertirse en un tema recurrente entre sectores críticos del municipio.

Y ahí radica el verdadero problema político para Jorge Alanís: cuando un gobierno necesita demostrar fuerza constantemente, es porque la percepción de debilidad ya comenzó a instalarse en la conversación pública.

Hoy Coatzintla enfrenta mucho más que una crisis de seguridad. Enfrenta una crisis de credibilidad. Y mientras la violencia golpea al municipio, la ciudadanía empieza a preguntarse si el gobierno está realmente gobernando… o únicamente tratando de sobrevivir políticamente al desgaste de su propia realidad.

Por Marco Antonio Palmero Alpirez

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba