
Los sistemas internacionales de monitoreo climático comienzan a encender señales de vigilancia ante la posible reaparición del fenómeno climático El Niño durante 2026, escenario que podría modificar patrones meteorológicos a escala global y provocar cambios importantes en temperaturas, lluvias y eventos extremos.
Las proyecciones más recientes elaboradas por organismos especializados apuntan a una alta posibilidad de que este fenómeno oceánico-atmosférico vuelva a desarrollarse a partir de mediados de 2026. Modelos internacionales estiman una probabilidad cercana al 82 por ciento de que las condiciones asociadas comiencen a consolidarse entre mayo y julio del próximo año.
La expectativa de los expertos no se limita únicamente a su aparición. Los análisis indican que, una vez establecido, El Niño podría mantenerse activo durante buena parte del invierno boreal 2026-2027, incrementando considerablemente su influencia sobre el comportamiento climático mundial.
El fenómeno forma parte del complejo sistema conocido como ENSO (Oscilación del Sur-El Niño), mecanismo natural que modifica la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial y que históricamente ha demostrado capacidad para alterar regímenes de lluvia, circulación atmosférica y comportamiento térmico en diversas regiones del planeta.
Su presencia suele asociarse con una mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, incluyendo sequías prolongadas, lluvias torrenciales, inundaciones, olas de calor e incluso modificaciones en temporadas ciclónicas.
Especialistas mantienen atención especial sobre la segunda mitad de 2026, particularmente entre julio y diciembre, periodo considerado crítico debido a que podría representar la etapa de mayor fortalecimiento del fenómeno.
Entre los periodos considerados estratégicos para el monitoreo destacan:
• Mayo-julio de 2026: elevada probabilidad de formación inicial.
• Julio-septiembre de 2026: posible intensificación progresiva.
• Octubre-diciembre de 2026: escenario potencial de máxima actividad.
• Diciembre de 2026-febrero de 2027: alta probabilidad de persistencia.
• Primer trimestre de 2027: continuidad probable de sus efectos atmosféricos.
Aunque todavía no existen estimaciones específicas para el territorio mexicano, antecedentes climáticos muestran que episodios previos de El Niño han generado modificaciones importantes en la distribución de precipitaciones y temperaturas.
Diversas investigaciones han señalado que algunas regiones del centro y sur del país suelen registrar condiciones más secas durante estos episodios, además de alteraciones en la actividad ciclónica del océano Pacífico y variaciones en la intensidad de lluvias regionales.
Sin embargo, especialistas advierten que aún resulta prematuro determinar impactos locales concretos, ya que éstos dependerán de la intensidad definitiva que alcance el fenómeno y de su evolución durante los próximos meses.
Más allá de sus posibles efectos regionales, científicos también observan con preocupación el impacto potencial sobre las temperaturas globales.
Modelos climáticos internacionales sugieren que la combinación entre calentamiento global y un nuevo episodio de El Niño podría favorecer que alguno de los años comprendidos entre 2026 y 2030 rompa récords históricos de temperatura promedio mundial.
El escenario mantiene a la comunidad científica bajo estrecha observación: si las proyecciones actuales se mantienen, el planeta podría entrar nuevamente en una etapa marcada por importantes alteraciones climáticas con repercusiones económicas, ambientales y sociales de gran escala.
Redacción Reportaje Veracruzano



