DELTA 7 ROMPE EL SILENCIO Y CONDUCE A UN RANCHO DEL HORROR: EL CASO ROXANA APUNTA A UN DESENLACE TRÁGICO EN EL SUR DE VERACRUZ

El sur de Veracruz despertó este viernes con una noticia devastadora que, de confirmarse oficialmente, marcará otro capítulo negro en la historia de la violencia contra el periodismo mexicano.
La detención de José del Carmen Cadena Escayola, alias «Delta 7», presunto integrante de una célula criminal que opera en la región, no solamente abrió nuevas líneas de investigación en la desaparición de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez; también habría conducido a las autoridades hasta el lugar donde, según reportes preliminares, fue asesinada la comunicadora.
El punto señalado se encuentra en un rancho ubicado en las inmediaciones del ejido General Emiliano Zapata, una zona rural entre los municipios de Ixhuatlán del Sureste y Moloacán, a escasos kilómetros de Nanchital, donde el pasado 2 de junio un comando armado irrumpió violentamente en el domicilio de la directora de Pulso Informativo del Sureste para privarla de la libertad frente a su familia.
Desde la noche del jueves y durante la madrugada, unidades de la Marina, agentes ministeriales y peritos federales desplegaron un fuerte operativo en la propiedad señalada por el detenido, mientras especialistas realizaban diligencias de búsqueda y levantamiento de indicios.
Versiones periodísticas nacionales señalan que en el lugar habrían sido localizados restos humanos presuntamente relacionados con la comunicadora, aunque hasta el cierre de esta edición las autoridades no habían emitido una confirmación oficial sobre la identidad de los mismos ni sobre las circunstancias precisas del crimen.
Si los peritajes confirman el peor escenario, Veracruz no estaría únicamente frente al esclarecimiento de un secuestro, sino ante el asesinato de una periodista cuyo único delito fue ejercer el derecho a informar.
El caso representa además un severo cuestionamiento sobre la capacidad del Estado para proteger a quienes documentan la realidad cotidiana en regiones donde el crimen organizado y el miedo han intentado imponer el silencio.
Roxana fue arrancada de su hogar por hombres armados que destruyeron la puerta de su vivienda con herramientas y amenazas. Las imágenes quedaron grabadas y recorrieron el país entero. Durante semanas, familiares, colegas y organizaciones nacionales e internacionales exigieron su localización.
Hoy, las preguntas son aún más duras.
¿Quién ordenó el ataque?
¿Quiénes participaron?
¿Quién protegió a los responsables?
¿Y cuántos más faltan por caer?
La captura de «Delta 7» podría ser apenas el inicio del desmantelamiento de una estructura criminal mucho más amplia.
Porque si algo ha demostrado el caso Roxana es que en Veracruz la violencia contra el periodismo no desaparece cuando se apagan las cámaras ni cuando terminan los comunicados oficiales.
Permanece enterrada en el miedo, en la impunidad y en el silencio.
Y precisamente por eso, encontrar a todos los responsables ya no es solamente una exigencia del gremio periodístico.
Es una deuda del Estado mexicano.
Redacción Reportaje Veracruzano



