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XALAPA-BANDERILLA: EL BULEVAR DONDE LOS TRANSPORTISTAS LE GRITARON A LA FEDERACIÓN QUE LAS CARRETERAS YA NO PERTENECEN AL ESTADO, SINO AL MIEDO

El bulevar Xalapa-Banderilla amaneció este miércoles convertido en mucho más que una vía de comunicación entre la capital veracruzana y la zona norte del estado.

Se transformó en un escaparate de la desesperación de un gremio que asegura recorrer carreteras donde el asalto, el secuestro y la violencia dejaron de ser excepción para convertirse en parte del itinerario.

Los transportistas de AMOTAC no llegaron a paralizar completamente la circulación. Apenas ocuparon un carril en ambos sentidos. La protesta fue pacífica, ordenada y responsable.

Pero el mensaje fue brutal.

Porque si quienes transportan alimentos, combustibles, mercancías y productos indispensables para la economía del país tienen que salir a manifestarse en una de las principales arterias de acceso a Xalapa para pedir protección, entonces la discusión dejó de ser sobre transporte y se convirtió en un cuestionamiento directo sobre la capacidad del Estado para garantizar seguridad en las carreteras federales.

Desde el asfalto del Xalapa-Banderilla se lanzó una acusación silenciosa pero contundente: los delincuentes parecen conocer mejor las rutas, los horarios y los puntos vulnerables que las propias autoridades.

Los operadores describen corredores carreteros donde el cambio de estado significa también el cambio de jurisdicción y, con ello, la oportunidad perfecta para que los grupos criminales desaparezcan entre límites territoriales y vacíos de coordinación institucional.

Puebla, Hidalgo, Tlaxcala y Oaxaca aparecen una y otra vez en los relatos del gremio como nombres asociados al miedo.

Mientras tanto, el bulevar Xalapa-Banderilla se convirtió durante varias horas en la evidencia visible de un problema invisible para muchos funcionarios de escritorio.

Ahí estaban los tractocamiones estacionados.

Ahí estaban las lonas.

Ahí estaban las pancartas.

Y detrás de cada unidad había historias de operadores que aseguran trabajar bajo la amenaza permanente de no saber si regresarán a casa.

Los transportistas afirman que en las rutas vinculadas con Veracruz pueden registrarse diariamente robos, privaciones ilegales de la libertad y agresiones contra conductores de carga.

No hablan de estadísticas frías.

Hablan de compañeros.

Hablan de familias.

Hablan de ausencias.

Resulta inevitable entonces formular la pregunta incómoda que sobrevoló toda la protesta:

Si los transportistas conocen los tramos peligrosos, identifican los horarios de mayor riesgo y señalan con precisión las zonas donde opera la delincuencia, ¿por qué las estrategias de seguridad siguen llegando siempre después del delito y nunca antes?

Al mediodía la movilización concluyó y el tránsito volvió a la normalidad.

Los motores arrancaron nuevamente.

Los carriles se despejaron.

El bulevar Xalapa-Banderilla recuperó su rutina.

Pero la tranquilidad solamente regresó al pavimento.

El miedo, aseguran los operadores, sigue esperando más adelante, en la siguiente curva, en el próximo tramo federal y en la próxima noche sobre la carretera.

Redacción Reportaje Veracruzano

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