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Tatahuicapan estalla contra Zepeta: gritos de “¡traidor!” y una militancia que exige cuentas por las alianzas incómodas

La visita del dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, a Tatahuicapan terminó convertida en un episodio político explosivo que dejó al descubierto las heridas abiertas que aún persisten tras la reciente elección municipal y la creciente inconformidad de una parte de la militancia morenista ante la posibilidad de reconciliaciones que consideran inaceptables.

Entre empujones, reclamos y consignas de “¡traidor!”, un grupo de pobladores y simpatizantes exigió al líder estatal abandonar el municipio, luego de que trascendiera su presunta intención de sostener un encuentro con el alcalde electo Vladimir González y con el exalcalde Eusebio González, figuras que en el pasado proceso electoral abandonaron las filas del movimiento guinda para competir bajo las siglas del Partido del Trabajo, obteniendo finalmente la victoria en las urnas.

La escena dejó una pregunta incómoda flotando sobre la dirigencia estatal morenista: ¿hasta dónde está dispuesto el partido a sacrificar la lealtad de su base con tal de recuperar espacios políticos perdidos?

Las críticas más severas provinieron desde el propio morenismo local. El excandidato a la alcaldía, Rolando Bautista, y la regidora primera del Ayuntamiento, Margarita Lorena Gómez, reprocharon públicamente cualquier intento de acercamiento con quienes consideran responsables de fracturar al movimiento en Tatahuicapan durante la contienda electoral.

Para los inconformes, el mensaje resulta devastador para quienes permanecieron en Morena durante el conflicto interno: mientras la militancia defendía las siglas y enfrentaba el desgaste político de la elección, quienes optaron por competir desde otra trinchera ahora podrían encontrar nuevamente las puertas abiertas.

Durante los reclamos, la regidora cuestionó duramente la posibilidad de un acuerdo político y calificó como una afrenta a las bases cualquier negociación que ignore el sentir de quienes permanecieron en el movimiento.

La molestia exhibe un problema que trasciende las fronteras de Tatahuicapan y que comienza a perseguir a Morena en distintos municipios del estado: la contradicción entre el discurso de principios y la pragmática política de sumar cuadros electorales sin importar las rupturas del pasado reciente.

Porque la política puede perdonar muchas cosas, pero difícilmente perdona la percepción de la traición.

Mientras tanto, el episodio también dejó otra imagen simbólica que rápidamente comenzó a circular entre simpatizantes y adversarios políticos: el contraste entre una militancia concentrada en la comisaría y la escasa respuesta obtenida en el parque central por quienes buscaban mostrar músculo político propio.

Más allá de quién ganó la batalla de las convocatorias, el mensaje que emergió desde Tatahuicapan fue contundente: existe una parte importante de la base morenista que no está dispuesta a aceptar regresos automáticos ni reconciliaciones decretadas desde las dirigencias.

Ahora la pregunta ya no es si habrá acuerdos políticos.

La verdadera interrogante es cuánto capital político está dispuesto a gastar Morena para recuperar aliados circunstanciales y si ese costo terminará pagándose con el desencanto de quienes nunca abandonaron el barco.

En Tatahuicapan, al menos por ahora, la militancia parece haber respondido con claridad.

Redacción Reportaje Veracruzano

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