¿Córdoba o 2027? Las ausencias de un regidor que ya parece mirar hacia la próxima elección

Córdoba, Ver.— En política, una fotografía puede ser apenas una fotografía. Pero cuando aparece un funcionario público fuera de su municipio, acompañado de su equipo político, mientras ciudadanos aseguran que llevan días buscándolo sin encontrarlo, la imagen deja de ser anecdótica y comienza a convertirse en una pregunta.
El regidor panista José Antonio Medina Rahme fue ubicado en Xalapa junto con integrantes de su círculo cercano, entre ellos su suplente, Santiago Avendaño, durante una reunión estatal del Partido Acción Nacional en la que participó su dirigente nacional, Jorge Romero.
Acudir a un acto partidista, por sí mismo, no constituye ninguna irregularidad. Un funcionario puede tener militancia y vida política.
El problema comienza cuando resulta imposible distinguir dónde termina la actividad partidista y dónde empieza la obligación pública.
Y esa es precisamente la pregunta que comienza a incomodar en Córdoba.
De acuerdo con comentarios hechos llegar a este espacio, ciudadanos que han acudido durante los últimos días en busca del regidor han recibido como explicación que se encuentra “en comisión” o fuera de la ciudad.
Bien.
Entonces corresponde una pregunta elemental, pero incómoda:
¿Cuál comisión?
¿Quién la autorizó? ¿Cuándo fue autorizada? ¿Cuál era su objetivo? ¿Cuánto tiempo duró? ¿Qué actividades realizó el funcionario y cuáles fueron estrictamente institucionales?
Y, sobre todo:
¿La presencia en Xalapa tuvo carácter oficial o partidista?
Porque ambas cosas no son lo mismo.
EL DINERO TAMBIÉN IMPORTA
El asunto adquiere mayor relevancia cuando se habla de recursos públicos.
Las percepciones atribuidas públicamente al regidor rondan los 100 mil pesos mensuales. Si esa cifra corresponde a sus ingresos vigentes, no se trata de un detalle menor: estamos hablando de dinero público.
Dinero que proviene del presupuesto municipal y, en última instancia, de los contribuyentes.
Por eso la ciudadanía no solamente tiene derecho a preguntar dónde está un funcionario.
Tiene derecho a saber en qué utiliza su tiempo cuando está cobrando del erario.
Y la misma pregunta alcanza a quienes eventualmente formen parte de su equipo y hayan acudido con él a actividades fuera de Córdoba.
Si alguno de ellos es trabajador municipal, la explicación tendría que ser todavía más sencilla:
¿Tenía una comisión oficial?
¿Quién la autorizó?
¿En qué horario?
¿Con qué objetivo?
¿Se utilizaron vehículos, viáticos, combustible u otros recursos públicos?
No se necesita una teoría de conspiración para responder.
Se necesita transparencia.
EL FANTASMA DE 2027
Pero hay otro elemento que convierte esta escena en algo políticamente mucho más interesante.
En los círculos políticos de Córdoba ya se menciona a Medina Rahme como uno de los nombres que podría buscar una candidatura a una diputación en 2027.
Y aspirar a otro cargo no es delito ni pecado.
Todo ciudadano, incluido un servidor público, tiene derecho a construir una carrera política.
El problema aparece cuando el cargo actual comienza a parecer un escalón hacia el siguiente.
Porque entonces la pregunta deja de ser dónde quiere estar Medina Rahme en 2027 y se convierte en algo mucho más inmediato:
¿Qué está haciendo hoy por Córdoba?
Un regidor no fue electo para convertirse en candidato potencial.
Fue electo para ejercer una responsabilidad concreta.
Para acudir al Ayuntamiento.
Para atender ciudadanos.
Para participar en sesiones.
Para vigilar la administración municipal.
Para gestionar.
Para representar.
Para dar la cara.
Y si mientras todo eso ocurre el funcionario comienza a aparecer con mayor frecuencia en fotografías partidistas, reuniones estatales y movimientos políticos rumbo al siguiente proceso electoral, resulta perfectamente legítimo que los ciudadanos comiencen a preguntarse si 2027 ya le está robando atención a 2026.
CÓRDOBA NO DEBERÍA SER TRAMPOLÍN
La política suele tener memoria.
Los ciudadanos recuerdan quién estuvo cuando había problemas y quién apareció solamente cuando había cámaras.
Recuerdan quién atendió una gestión, quién respondió una llamada y quién se convirtió en un funcionario prácticamente inaccesible.
Por eso, si Medina Rahme realmente contempla una candidatura para 2027, quizá debería preocuparse menos por demostrar que puede ganar la siguiente elección y más por demostrar que merece terminar con buenas cuentas la responsabilidad que ya tiene.
Porque hay una diferencia enorme entre construir una carrera política y utilizar un cargo público como plataforma electoral.
La primera es legítima.
La segunda merece escrutinio.
Y aquí no se está acusando al regidor de cometer una irregularidad. Tampoco se afirma que su presencia en Xalapa haya sido ilegal.
Precisamente por eso las preguntas son necesarias.
Que explique.
Que diga cuándo estuvo fuera de Córdoba, bajo qué figura, quién lo comisionó y cuál fue el propósito de sus actividades.
Y que, si integrantes de su equipo municipal lo acompañaron, también se aclare bajo qué autorización lo hicieron.
Nada más.
Pero tampoco nada menos.
Porque cuando se trata de recursos públicos, la explicación no debería considerarse un ataque político.
Es una obligación democrática.
Medina Rahme puede mirar hacia 2027 todo lo que quiera.
Puede aspirar a una diputación, a una alcaldía o a cualquier otro cargo.
Pero antes de pedirle a Córdoba que vuelva a confiar en él para ocupar otra responsabilidad, tendría que responder una pregunta mucho más sencilla:
¿Está cumpliendo plenamente con la que ya tiene?
Porque Córdoba no es una sala de espera electoral.
No es una plataforma de lanzamiento.
Y mucho menos debería convertirse en el trampolín de las ambiciones políticas de nadie.
Primero se cumple el encargo. Después se pide el siguiente.
Lo demás son fotografías.
Y las fotografías, tarde o temprano, terminan hablando.
Redacción Reportaje Veracruzano



